Je ne suis pas PC

Al leer el título de esta columna no me cabe la menor duda de que se generará un número no menor de reacciones y calificativos del tipo “facho”. Y es que luego de haber visto la impecable presentación del humorista Eduardo Carrasco más conocido como “Edo Caroe” y la consecuente reacción del Partido Comunista con tintes de censura propios de un Chile de los años 80, surge de manera inevitable un ruido que provoca el presenciar el nulo avance que ha tenido nuestra clase política en materias de libertad de expresión y el bajo nivel de tolerancia que poseen los mismos sectores que la predican a rajatablas.

La reacción del PC y de la JJCC necesariamente trae a colación uno de los recuerdos más vergonzosos del Chile pos dictadura, como cuando Iron Maiden agendó una visita a nuestro país en 1992 y sectores de la Iglesia Católica encabezados por el Obispo Prado y el Cardenal Medina generaron actos de censura enviando una carta al gobierno para pedir la prohibición de su ingreso al país, con el argumento de que entregaban un mensaje “satánico” y con la acusación de “elaborar mensajes que propagaban contaminantes microbios”.

También trae anotar un pequeño detalle en el show de este humorista, que en unos de sus brazos mostraba un portentoso tatuaje de Charles Chaplin, quien tuvo la capacidad y valentía de reírse de los más terribles dictadores del mundo del siglo XX como Hitler y Mussolini en su film “El Gran Dictador”, o cuando en “Tiempos Modernos” desarrolló un humor con crítica punzante y excepcional hacia el modelo capitalista.

Distintas épocas y formas, buenas o malas, pero siempre el buen humor ha transgredido y ha desplazado los límites de lo “tolerable”, es condición de lo que ocurre en todas las expresiones artísticas.

Es que este humor político con nombres y apellidos, viene en medio de la luz de múltiples actos de corrupción comprobados, sobornos, cuoteo promiscuo, financiamientos ilícitos, millones y millones de pesos que van y vienen, en un país donde la gente debe desvivirse para trabajar muchas horas para pagar por carreteras, medicamentos, universidades y un sinnúmero de bienes básicos que otrora eran gratuitos.

En ese contexto, es cuando sin ningún tapujo, sin ninguna vergüenza ni asco algunos sectores políticos, como vergonzosamente lo plantean hoy algunos miembros del Partido Comunista, tienen la desfachatez de molestarse, expresando claros síntomas de una intolerancia soterrada que salta a la evidencia pública a la más mínima rutina de humor que los alude.

La vergüenza es mayor, cuando estos mismos son los que con un brazo enarbolan las banderas de la igualdad, de la no discriminación y de la libertad de expresión y con el otro apuntan al que osa reírse, al que tiene la valentía de desnudarlos, atacándolo a través del cobarde cristal de la escala valórica y moral, esa que ellos mismos se han permitido utilizar, manoseando a su conveniencia conceptos como los derechos humanos o la igualdad de género.

La indignación en los grupos políticos hoy abunda, originada por un número humorístico, pero esta misma indignación surge de la gente cuando se siente traicionada por un grupo de adultos, sí bastante adultos, encabezados por Camila Vallejos que tuvieron a un país entero (o al menos un 80% de éste) apoyando la causa estudiantil y que hoy ven como de rápida es la desilusión.

Resulta cínico ver a sectores que deslizan argumentos sobre la intelectualidad y la superioridad moral que se debe tener para reirse de una casta política totalmente corrupta. Porque hay que tener muy claro que las pifias que se llevó Camila Vallejos en Viña del Mar, no corresponden a su condición de mujer ni a su partidismo, más bien responde al lugar común de pertenecer a la casta política, esa que traiciona una vez alcanzado el poder, para luego perpetuar su condición.

Antes estaba prohibido reírse del dictador, estábamos en dictadura, hoy en plena democracia pareciese vedado reírse de ese sector comunista que se exhibe dueño de los derechos, de la verdad y de la intelectualidad.Cuando ocurre todo esto, como me dijo un amigo, es que los comunistas están matado el comunismo.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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