La doctrina Schneider

Un atentado terrorista de ultraderecha le arrebató la vida, el 25 de octubre de 1970, al Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider, esa acción fue el resultado de una conspiración para quebrantar el régimen democrático en Chile.

La conjura venía de lejos. Un año antes, el 21 de octubre de 1969, el general (r) Roberto Viaux, recién destituído de la Primera División en Antofagasta, ocupaba el regimiento Tacna en Santiago y lanzaba una proclama inconstitucional justificándose en el atraso logístico, el deterioro de las instalaciones y las bajas remuneraciones de los efectivos del Ejército de Chile.

Este golpe a la institucionalidad, a la cohesión castrense y a la disciplina militar no concluía allí, desde unidades cercanas se intentaba extender la sedición copando la Escuela de Suboficiales y el Batallón de tanques. Otras acciones “efectistas” como la toma de la base aérea El Bosque quedaban en nada.

A causa de ello fracasaba la intención de involucrar al Ejército en su conjunto y los golpistas se parapetaban tras los elevados murallones que entonces identificaban al “Tacna”, a escasas cuadras de la sede presidencial.

Esas instalaciones después fueron testigos de los primeros actos crimínales de Pinochet que ordenó ejecutar allí a los militantes de izquierda que acompañaron al Presidente Allende, apresados en La Moneda, el 11 de Septiembre del 73. Ese pedazo de nuestro suelo fue ensangrentado por el asesinato de chilenos valientes y honrados.  

Posteriormente, esas dependencias serían reemplazadas por el actual edificio de la Comandancia en Jefe del Ejército. No sería raro que algún “cerebro” pensara que derrumbando las murallas se podría borrar la historia.

Ante el Tacnazo, el Presidente Frei Montalva, desde La Moneda, rechazó la asonada de Viaux, diciendo: “Estoy dispuesto a usar todos los instrumentos que están a mi alcance para imponer el respeto a la autoridad legítima”.

Asimismo, Aniceto Rodríguez del PS, Luis Corvalán del PC, Carlos Morales del PR y Jacques Chonchol del MAPU, lideres de los partidos de la izquierda chilena condenaban el alzamiento golpista. La CUT convocaba a los trabajadores a un Paro Nacional en defensa del régimen democrático y de las conquistas sociales del movimiento popular.

La derecha se refería a la demanda “gremial” de los sublevados colocándose a la espera de los acontecimientos.

Ya entonces la catástrofe de un quiebre en las instituciones castrenses le tenía sin cuidado, furiosa por la reforma agraria, se desligaba del apoyo que las fuerzas políticas del arco constitucional debían prestar a la estabilidad democrática ante el peligro golpista; sus figuras disimulaban, pero fue evidente que levantaban un interesado camuflaje para cubrir el motín golpista.

Con el paso de las horas se restablecía la unidad y jerarquía de mando institucional y el fascismo quedaba aislado, esta vez, encerrado tras los murallones desde los que los conjurados pretendían asaltar el poder. El intento de golpe “gremial” se hundía en el fracaso, Viaux capitulaba, era apresado y trasladado al recinto de la Escuela Militar.

El “Tacnazo” fue un alzamiento castrense de ultraderecha fallido debido a la legitimidad de las instituciones democráticas. No hubo excusa ni espacio para el conservadurismo militarista que expresaba, pero si mostró deliberación política en los uniformados y un cuestionamiento a la verticalidad del mando, claramente sobrepasado en estos hechos.

Tal realidad generó el retiro del Comandante en Jefe, general Sergio Castillo, y la designación por el Presidente Frei Montalva, del general René Schneider, el que procedente de Punta Arenas donde ejercía como Comandante en Jefe de la Quinta División de Ejército, asumió prontamente el mando castrense, el 27 de octubre, su gestión repuso en cortos meses, una doctrina institucional de respeto a la Constitución y la ley que, ante la historia, quedó definida como la Doctrina Schneider. 

Las fuerzas oligárquicas de ultraderecha, que se replegaron tras el fracaso de Viaux, apenas un año más tarde, en septiembre de 1973, volvían a conspirar para tratar de impedir la investidura de Salvador Allende, como Presidente de la República. Otra vez pretendían desatar una cruenta intervención castrense, que era imposible con la permanencia del general Schneider en la Comandancia en Jefe.  

Las investigaciones en el Senado de los Estados Unidos y de instituciones independientes coinciden en que el propio “hombre fuerte” del imperio, Henry Kissinger, siguió el desarrollo del complot. Incluso financiaron una seudo brigada “obrero-campesina” para acciones terroristas disfrazadas como de izquierda. 

Por eso, estaba otra vez Viaux en escena, con el apoyo logístico de la CIA, él y altos oficiales sin honor, instigaron y organizaron un comando de ultraderecha, con miembros enceguecidos por el odio a la izquierda y el miedo visceral al “comunismo”, estuvieron dispuestos al secuestro del Comandante en Jefe del Ejército, general Schneider, para obligar a una intervención castrense y precipitar el Golpe de Estado. 

En ese grupo terrorista había miembros de Patria y Libertad, de la Juventud Nacional y algunos sin afiliación política conocida, pero su lazo común provenía de sus ofuscadas familias pudientes activadas en defensa de ancestrales, pero mezquinos privilegios. 

En la emboscada, realizada el 22 de octubre, el auto del general fue bloqueado por dos vehículos y los pistoleros le atacaron desde ambos costados, Schneider no se rindió al comando de extremistas de ultraderecha y fue mortalmente baleado. 

Así, se jugó la vida por la democracia, sin amenazar con guerra alguna.

El 25 de octubre de 1970, moría en el Hospital Militar, pero la potente proyección de su responsabilidad democrática, la que había plasmado en la Doctrina Schneider, fue capaz de unir a Chile, impuso la cohesión institucional del Ejército y frustró el alzamiento subversivo. 

La ciudadanía lo despidió con emoción y agradecimiento, su sacrificio detuvo la acción golpista. Por eso, hubo congoja en muchos hogares.

Ese complot, de fuerzas tan poderosas, fracasó. La democracia chilena resistió e impidió el golpe de Estado. La conjura debió seguir socavando, día a día, durante otros tres años la institucionalidad para que se desplomara el régimen democrático.  

La doctrina Schneider fue un legado macizo que guió a su sucesor en la Comandancia en Jefe, el general Carlos Prats, que ejerció el mando desde el 27 de octubre de 1970 hasta el 23 de agosto de 1973, cuando solicitó al Presidente Allende su paso a retiro.

Poco después, en septiembre de 1973, la traición de Pinochet, consiguió consumar el golpe de Estado que desplomó la democracia en Chile. 

Un año después, en septiembre de 1974, el brazo de la traición alcanzaría al general Prats en Buenos Aires, donde había emigrado obligado por las amenazantes circunstancias que le rodeaban, allí una poderosa bomba terminaría con su vida y la de su esposa. Así, Pinochet acallaba el testimonio de quienes conocían directamente la bajeza de su conducta y la ausencia de cualquier escrúpulo en su voluntad de poder. Como buen mafioso no quería testigos. 

En la crisis del periodo 70-73 los conjurados socavaron en forma sistemática lo que tanto cuesta afianzar, la estabilidad democrática, aquella que impide, precisamente, las aventuras de quienes no tienen Dios ni ley. Cuando las instituciones democráticas se deslegitiman la ultraderecha logra imponer la dictadura y la tragedia social que sus acciones desatan son infinitas. 

En memoria del general Schneider, hoy cuando millones de personas reclaman con nuevas esperanzas el derecho a la justicia social, hay que reafirmar que la democracia es la vía de las reformas estructurales que Chile requiere, ello hace urgente avanzar hacia una nueva Constitución que restablezca cimientos sólidos y compartidos a la gobernabilidad democrática en el país.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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