Nuevos muros nos alejan de lo humano

Los pragmáticos, los que se sitúan desde la pos verdad, los mercaderes que relativizan todas sus acciones en favor de la rentabilidad, las redes sociales que convocan y destruyen todo vestigio de credibilidad y sentido común, no sólo están deslegitimando las instituciones, sino que explican el sin sentido de la política.

Ciertamente las instituciones evolucionan según lo hace la sociedad, pero el añadido de estos días es que se sospecha de ellas para dar gobernabilidad y estabilidad. Así se asoma con fuerza el populismo. Las elecciones recientes en Estados Unidos son un buen ejemplo.

Hoy el populismo es la válvula de escape de lo políticamente correcto pero asfixiante, es la vía de expresión de quienes no aceptan la responsabilidad edificada tras normas internacionales, consensos políticos y ética que limita nuestros deseos más íntimos.

La libertad de expresión hoy se ha liberado de la responsabilidad y se ocupa como arma arrojadiza contra todo aquello que no parezca “progresista”.Concepto que cada vez se parece más a la lucha por los propios intereses, olvidando la propuesta colectiva, el bien común y proyecto de sociedad.

Ello en sí representa una suerte de contradicción, puesto que la persona que se libera en sus instintos e intereses (transformados en derechos) a la vez se deshumaniza. El nosotros se diluye en lo que demando individualmente en un contexto particular, es decir, las consecuencias importan menos.

Los pragmáticos, que sólo aprecian y velan por los (sus) intereses, demuestran su capacidad de adaptación, se erigen como hombres de Estado, pero van mermando el espíritu social y colectivo. Se manejan en relación al poder, relegando principios y convicciones a lo netamente subjetivo, o simplemente los ven como instrumentos manipulables a sus propios intereses.

Así nos explicamos que la voluntad soberana hoy se defienda frente a la migración, y para ello no importa el medio, ¡bienvenidos sean los muros! o el término del respeto a los derechos de los refugiados, como lo han dejado de manifiesto los recientes acuerdos migratorios en la Unión Europea, entre otras posiciones políticas que se acercan a la xenofobia, exclusión, segregación y otras actitudes que han sido causa de tragedias humanas en el pasado.

En consecuencia, hoy se requiere compromiso y valoración del humanismo integral. De otro modo se asoma un futuro desvertebrado, incierto y populista, lo cual será la antesala de nuevos dolores y tragedias que algunos equivocadamente  pensaron estaban superadas por la evolución en el pensamiento.

Todo esto estuvo marcado por horrores cometidos en la historia, que hoy parece que con gran ligereza estamos olvidando. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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