Raúl Ampuero Díaz, un político consecuente

El año pasado se cumplió el centenario del nacimiento de Raúl Ampuero y un nuevo aniversario se acerca este diciembre. Eric Hobsbawm, el historiador inglés, al examinar las características de la historia contemporánea, advirtió sobre la “destrucción del pasado”, es decir la de aquellos mecanismos sociales que vinculan la expresión contemporánea del individuo con las generaciones anteriores.

Estas notas intentan resistir esa tendencia a la destrucción y al olvido y recordar que Raúl Ampuero nació en 1917 en Ancud, Chiloé, en una familia de profesores normalistas preocupada de “la cuestión social” y la política. La Gran Guerra, la Revolución Rusa y los nacientes movimientos obreros en Chile marcaban el inicio del siglo.

En Santiago, a donde se trasladó para estudiar Derecho a comienzos de los años treinta, Ampuero ingresó a la recién fundada Juventud Socialista; fue líder de ella en varias ocasiones y participó activamente en los acontecimientos de los años siguientes, en el triunfo del Frente Popular, en la lucha contra el nazismo y en la recuperación de las traumáticas crisis que asolaron a los partidos y al  socialismo chilenos en la década del cuarenta.

Junto a Eugenio González - quien sería más tarde senador y Rector de la Universidad de Chile -, contribuyó a dar forma al programa del partido en 1947 y a la reunificación del socialismo a fines de los cincuenta.

Destacado orador y polemista unió a la inquietud y creación intelectuales la devoción por la actividad política cotidiana, coincidencia virtuosa, pero escasa en los liderazgos, lo que lo llevó a ser Secretario General del socialismo en seis  oportunidades.

Fue también senador por Tarapacá y Antofagasta, destacándose en el Congreso por su defensa de los trabajadores del Norte Grande, vigoroso impulsor de la nacionalización del cobre y de la reforma agraria e incansable explorador de nuestra geografía: fue el primer senador en visitar Isla de Pascua en 1954 y la Antártica chilena en 1960.

Conocedor de temas militares, como miembro y presidente de la Comisión de Defensa del Senado fue de los pocos en exhortar a definir las bases democráticas de la defensa nacional y en advertir sobre las consecuencias de fuerzas armadas adscritas, desde la posguerra, a un sistema hemisférico de defensa, instrumento de una política de seguridad nacional que convertiría a compatriotas en enemigos.

Liberado a fines de 1973, luego de tres meses incomunicado después del Golpe Militar, Ampuero se radicó en Italia donde trabajó por los derechos humanos en el Tribunal Russell, en la Fundación Lelio Basso, en Roma, y como profesor de Historia de las Américas en la Universidad de Sassari.

Contribuyó activamente a la reunificación del socialismo en el exilio, sin embargo a su regreso al país manifestó también sus aprensiones sobre el futuro del partido y el derrotero de la renovación.  

En 1989 expresaba en un artículo de prensa que “mientras un partido se defina socialista no podrá omitir un esquema teórico que sirva de marco y referencia a su acción cotidiana, a menos que se busquen puras y simples posiciones de poder con la cobertura de un cínico pragmatismo”.

A solo dos meses de su fallecimiento en julio de 1996 Ampuero advertía, en una carta al XXV Congreso del Partido Socialista, que “algunos de nuestros intelectuales han acogido dócilmente la tesis de la muerte de las ideologías, a comenzar por la que sirvió de constante marco a las postulaciones del socialismo chileno. Sobre esta premisa se fundamenta el llamado a construir un partido “pluralista”, de “ciudadanos”, cruzado de tensiones o fracciones, donde el pragmatismo sería la fórmula rectora de la acción, inspirada, a su vez, en un conjunto de “ideales” genéricos y abstractos, sin apoyo en la vida real”.

En esta época de turbulencias, desconciertos y búsqueda, es oportuno recordar a Ampuero como líder político, por su contribución al socialismo chileno, por la lealtad profesada a sus ideas y por considerar a la política como parte inseparable de la ética personal.                                                                  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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