Ward el breve

La información de prensa parece sugerir que se necesitaba tanto un cambio de gabinete que tuvimos dos: uno frustrado y otro que terminamos conociendo. En el primero Ward era ministro del Interior y, en el segundo, fue a dar a la Segpres. 

En ambas circunstancias está claro que el cambio generacional se imponía como una necesidad del momento. Claro que cambiar un antiguo UDI por un gremialista más joven de línea dura, más que una señal de apertura era un signo de reincidencia impenitente. 

No es para nada un buen comienzo una alteración decisiva, en la hora nona, precedido de una filtración a la prensa que varias fuentes de gobierno ratificaron.

Eso permite augurar que habrá poca intimidad y mucha filtración en el nuevo ordenamiento.

Lo que se supo fue el nombre de Ward en Interior, por lo cual las redes pasaron a la revisión de sus opiniones previas y de allí su caída (hacia el lado eso sí), estando ya en el proscenio. Un UDI que chatea es un peligro público, incluso para si mismo. 

Pero sobre todo significa que no ha triunfado una línea estratégica en el oficialismo. Esta particular oscilación, la misma que ha caracterizado al gobierno en relación con la mayoría parlamentaria, es una falla que proviene de Piñera. El gabinete quedó encabezado por un dialogante, pero bien pudo recaer en un representante de la línea dura. Fue cosa de última hora. Como el equilibrio es inestable, esta tensión sin resolver se seguirá expresando en el futuro. 

Aunque Blumel es el rostro más amable que el gobierno podía poner a la cabeza de Interior, sorprende la mantención de algunos ministros particularmente resistidos y el extraño peregrinaje de la anterior vocera a Deportes. 

Sabiendo que hay una tensión no resuelta en el gobierno, que la apertura a los acuerdos no es una decisión tomada sino una opción que tiene contradictores, la pregunta es cual ha de ser la actitud opositora. 

Y la oposición no puede especular ni puede prejuzgar en un sentido u otro. Lo que tiene que pedir es una línea coherente de acción que posibilite una agenda básica para superar la crisis. 

Como sea, no se pueden reducir los espacios que se tienen para concordar avances que interpreten las demandas ciudadanas. La oportunidad será grande o pequeña, se puede aprovechar o desperdiciar, pero ha de tener su chance. 

Los cambios de gabinete, incluso en las circunstancias extraordinarias en las que nos encontramos, otorgan una oportunidad al oficialismo. Da comienzo a un ciclo que, en este caso será breve, pero que no deja de existir. El nuevo equipo enuncia sus propósitos, busca apoyo en su entorno y con los adversarios, tiene que dar pruebas de efectividad y lograr aprobar medidas significativas. 

En otras palabras, el comité político dirigido por Blumel tiene que dar a conocer su agenda, establecer las instancias de diálogo y conseguir resultados inmediatos.

Suponiendo que Piñera no termine por estropearlo todo con señales erráticas, vale la pena identificar las coincidencias e implementar los acuerdos que se alcancen. La alternativa son los halcones y ellos solo saben cazar.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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