Las voces de la iglesia

Por estos días la Iglesia Católica se ha expresado de muy diferentes formas y en muy distintas ocasiones.Asistí a la eucaristía en la Catedral para despedir a Pierre Dubois y escuché el clamor del catolicismo simple y profundo de los seguidores del notable sacerdote francés. Sus carteles y sus gritos emocionaban por su convicción.

El discurso de Monseñor Baeza emocionó a la concurrencia por su sinceridad. Esas voces se unían a las más cuidada y formal del Comité Permanente del Episcopado que en un documento muy duro y altamente ideologizado señalaron directrices para los católicos chilenos en materias contingentes y de alto interés.

Dicho documento no estuvo en disonancia con lo que vimos en la Catedral y con alegría comprobamos que la Iglesia toda unida férreamente parecía retomar un camino que otros hechos habían significado que se desviara.

Mientras el mundo político escapa sin sentido de sus fundamentos ideológicos, estas voces demuestran que no todo está perdido y que a veces las cosas pueden tener salida aunque no se vislumbre con facilidad el camino. La Iglesia Católica chilena y probablemente otras iglesias están haciéndose escuchar, sin renunciar a lo que son y sin importar las críticas a su discurso, eso es conducir.

Curiosamente en este coro de voces positivas hubo una confusión lamentable en la forma como se respondió a los cuestionamientos y preguntas sobre el papel de la Iglesia respecto de las personas abusadas sexualmente por clérigos.

La confusión en la que incurrieron los más altos pastores se produjo porque ante la pregunta de cómo reparar el daño, se dijo primero que no había recursos y segundo que las responsabilidades eran personales.

A mí me parece que ninguna de esas respuestas es correcta.Sin duda que cuando se habla de la Iglesia se habla de una cierta superestructura, pero la Iglesia somos todos y en ese concepto y desde esta perspectiva existen recursos no sólo materiales, sino los más importantes, humanos, para dar acogida como sabe hacerlo el mundo cristiano.

Hay que crear una suerte de Vicaría para atender a los abusados, para que no sean discriminados de su vida laboral, en sus estudios y colaborar en su mejoría y plena reinserción social, para eso sobran los recursos y hay miles de especialistas cristianos y católicos dispuestos a reparar, como parte del perdón que se pide, el mal que se hizo.

En cuanto a las responsabilidades hay que ser cuidadosos en cada situación y puede no estar claro que una persona nombrada en autoridad eclesial y que en uso de sus prerrogativas abusa, no afecte a la institución a la que pertenece.

Mejor habría sido decir que en cuanto a las responsabilidades la Iglesia se atiene a los protocolos ya existentes y que en materias civiles y penales es materia de los tribunales ordinarios de justicia.

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