Jorge Villegas

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Nació en el clima del sur, creció en la islas. Su padre fue farero. A los tres meses estaba en Guafo; a los dos años; Auchilú a los cinco Melinka. Allí fue a la escuela. Después lo educaron los jesuitas, en el San Javier de Puerto Montt.

La vocación de servir lo llevó a Medicina de la Chile, y “aprendió” a ser médico. La Reforma Universitaria lo convirtió en dirigente estudiantil. La Toma  Violeta Parra modeló  dice, su sentido de la vocación “poner los beneficios del progreso al alcance de la mayoría”.

Se  unió a la generación de jóvenes que acompañó a  Salvador Allende. “Pagamos los costos por ello, los míos, menores”. Creció desarrollando redes.

La dictadura lo llevó a Buenos Aires. Allí aprendió  Cirugía Plástica, lo  guió Fortunato Benaim. De vuelta en Chile puso esas herramientas al servicio de los quemados. Integró el grupo que trasformó en los ochenta al Colegio Médico en un baluarte de la defensa de la vida, la dignidad y los derechos de las personas.

Fue el Fiscal que investigó, con la dictadura vigente, la participación de médicos en la tortura. La Asociación Médica Mundial los distinguió por eso. El caso de Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana puso a prueba la fortaleza de sus convicciones. Señala que pagó  los costos en Chile y lo premiaron en Canadá.

No tuvo cargos de Gobierno. “Aprendí joven que las experticias que se requieren para reconquistar la democracia son distintas que las para administrar el poder. Además, se sabe, Némesis no perdona. Hoy, tratando de hacer realidad aún eso de “poner al alcance de la mayoría los beneficios…” dedico mi esfuerzo principal a tratar pacientes quemados graves, instruir a jóvenes cirujanos y dirigir el Centro de Referencia Nacional para Grandes Quemados”.
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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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