Calvario

“No desesperéis, uno de los ladrones fue salvado. No presumáis, uno de los ladrones fue condenado. La primera vez que probé el semen  tenía 7 años de edad. Voy a matarte, padre, porque eres inocente” ( la máxima de pagar justos por pecadores).”Se habla más de los pecados que de las virtudes…El perdón es la virtud mas infravalorada.Creo que se  habla demasiado de pecados y no lo suficiente acerca de las virtudes.  La gente quiere ser amada; en su defecto, admirada; en su defecto, temida; en su defecto odiada y despreciada. Quieren evocar algún tipo de sentimiento. El alma se estremece ante el olvido y busca la conexión a cualquier precio.”

Estos son algunos textos que alimentan y le dan soporte al guion de esta notable película irlandesa dirigida por John Michael McDonagh

La historia se mueve por el inquietante y aguzado filo de la comedia agridulce, se desarrolla con un cinismo retorcido, una desoladora radiografía de la sociedad irlandesa actual, proyectada como toda buena película hacia nuestros terruños extremos.

Se destrozan aquí los estereotipos preestablecidos, una sociedad ultra católica que incendia parroquias, el cliché del racismo se contradice con el negro que se fornica a una casada blanca, los padres no quieren que sus hijas hablen con los sacerdotes,  un pedazo del planeta donde la gente ha perdido su fe, se disecciona este microcosmos del pueblo como un todo trasladable a toda la nación.

La narración no se adentra en el fácil terreno del thriller para que averigüemos quien es el amenazador del cura protagonista, lo pasa por alto, en pos del análisis de la compleja naturaleza humana, se nos sumerge en la batalla de un sacerdote por mantener en pie su fe.

El cura protagonista intenta componer el rompecabezas de una sociedad corrupta, desesperanzada, aletargada, decadente, cada personaje con el que se enfrenta es el reflejo de una circunstancia. Estamos frente a  una obra de cine, que nos habla del poder de la fe y como dejamos de tenerla por diferentes motivos, unos por que los responsables de infundirla (los curas) han  abusado de ellos, otros por vejez, otros por ver tanta muerte en su trabajo, otros por sociopatía patológica, otros por ser víctimas de la voracidad libremercadista, voracidad que la Iglesia no condena solo la contempla.

El tono del film es bastante cáustico, con ritmo sereno pero pétreo, se mueve por la introspección de un pueblo carcomido por la mezquindad espiritual, con toques existencialistas que le otorgan un calibre emocional tremendo.

Calvario es un retrato punzante de la Condición Humana,  de sus debilidades, la ira, los sentimientos de culpa, la venganza, la doble moral, el suicidio, los abusos sexuales, la pedofilia, la hipocresía, el pecado, y de cómo intenta el protagonista combatir la falta de espiritualidad de su entorno esforzándose por extraer  de la gente la bondad, la compasión, el perdón, la comprensión, la búsqueda de la felicidad, o el sacrificio.

Esto lo hace la dirección mediante una gran capacidad de síntesis en la construcción de los personajes secundarios, con diálogos intensos, divertidos, agudos, y sobre todo inteligentes, llegando en muchos momentos a conmovernos la fuerza emocional de las situaciones , escarbando de modo cáustico en cuestiones de fe, maldad intrínseca, crueldad, misantropía, nihilismo.

La historia que se nos narra se soporta en el brutal choque entre la arraigada fe católica irlandesa, probablemente la más fuerte de el mundo, colisionando con las noticias que surgen día tras día de cómo muchos sacerdotes abusaron de la inocente y crédula confianza dogmática de sus niños parroquianos  para abusar de ellos, y de cómo la Iglesia pretendió cubrir con un tupido velo estos actos miserables, derivando en una crisis de valores en la sociedad irlandesa.

Detrás del  drama del protagonista y de todos los demás personajes, surge una sensación de soledad, de indefensión, de fatalidad, que tiñe cada acción, cada situación, cada paisaje interior.

A todo esto hay que sumar una fotografía brillante, un trabajo sobre los personajes notable, desde la imagen un aprovechamiento del  paisaje campestre de una Irlanda casi anacrónica, el mar indómito, los riscos,  playas interminables, se presentan como paisajes inagotables y vastos… atávicos e intactos, para contar una historia interior, intimista, contradictoria, conmovedora. Una belleza desoladora.

Calvario es el lugar donde Jesucristo fue crucificado, metáfora el título del sufrimiento que padece el protagonista, siendo la semana los siete días que ocupa  la narración una especie de Vía Crucis en la que el protagonista arrastra la cruz de los pecados de su pueblo por diferentes estaciones, un repaso vital a lo que han sido sus decisiones, y el modo mas consecuente de afrontar la podredumbre moral que lo rodea.

Altamente recomendable.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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