Ñuñoa, de intereses y de afectos

Y así se constata. Por un lado, están las inmobiliarias que haciendo su negocio están comprando casas que se encuentran situadas frente a vías amplias, lo cual les permite tener la opción de construir grandes edificios. Por otro lado, están los vecinos de la comuna, que organizados en diversos organismos sociales (juntas de vecinos, asociaciones, fundaciones, etc.) se han propuesto defender la destrucción del barrio que supone la llegada de las inmobiliarias.

Uno de los últimos casos que ha destacado, es el de la zona del Barrio Suárez Mujica, situado al norte del Estadio Nacional. En este lugar las inmobiliarias pretendían comprar varios terrenos, y con esto, demoler una zona típica de esta comuna dadas sus características urbanísticas y arquitectónicas, que mantiene un carácter propio sobre todo con sus casas “barco”.

Es un barrio que tiene grandes veredas, con árboles de espesa sombra y donde aún sus vecinos se conocen por el nombre. Esto último permitió que se junten, dialoguen, se organicen y de esta manera llegar a la postulación de un paño de 90 hectáreas para que sean declaradas “zona típica”, que es una manera que han encontrado para resguardar el barrio detrás del “telón patrimonial” del Consejo de Monumentos Nacionales, moción que preocupa porque si bien aceptaron los documentos, aún no se pronuncian oficialmente sobre el tema, dejando todo el esfuerzo vecinal en nada y dando chances a que el mercado se desarrolle.

El caso de la comuna de Ñuñoa es llamativo, porque se han concentrado 81 proyectos (según Colliers International), que se distribuyen a lo largo de la comuna, siendo uno de los más llamativos el que pretenden desarrollar frente a la Plaza Egaña.

Es un proyecto de cuatro torres y 1.828 departamentos (para que se haga una idea, en la zona de los guetos verticales hay 3.237 departamentos aprox.) y 2133 estacionamientos. Piense que la media por departamento son 4 personas, es decir, llegarán cerca de 7.312 vecinos nuevos a la esquina antes mencionada.

Otro proyecto que aún está en evaluación por parte del Municipio se ubica en el otro extremo de la comuna, es el “Mall Vivo”, ubicado en Carlos Dittborn y Vicuña Mackenna.

cinco pisos de Mall y una torre de 22 pisos con cerca de 400 departamentos. Es válido precisar que la zona donde pretenden emplazar el Mall Vivo es un lugar que se encuentra en gran auge de renovación urbana y que ha pasado a ser una zona residencial densa, a diferencia de lo que era antes una zona industrial, con eternas cuadras de muros altos y continuos de las fábricas que ahí se ubicaban, poco transitadas en la noche y por lo mismo bastante peligrosas.

Ñuñoa es una comuna linda para vivir, pero es linda para vivir porque en zonas aún mantiene el “espíritu del barrio”, lo lindo de vivir en Ñuñoa es poder vivir céntricamente en zonas donde aún puedes ir a comprar al almacenero el pan, que conozca el nombre de tus hijos, que tu conozcas a los vecinos, que puedan protegerse, sentirse seguros como comunidad frente a robos u otras circunstancias.

Por eso cuando uno analiza el panorama no es llegar y decir “no a las inmobiliarias”, porque hay casos donde las inmobiliarias han funcionado como herramienta de renovación urbana.

Por ejemplo, Santiago Centro logró salir de una situación adversa gracias al boom inmobiliario, recuperó zonas industriales, las convirtió en residenciales y logró revertir el éxodo de vecinos que estaba teniendo, lograron hacer algo bueno de algo malo.

¿Dónde está el problema entonces?

El problema comienza cuando se enfrenta el patrimonio con la maquina inmobiliaria. Cuando la maquinaria entra con prepotencia a comprar sectores para luego borrarlos del mapa y construir algo nuevo, que no tiene que ser bueno, que no tiene que ser de calidad, solo se tiene que vender, después será problema de otro. La historia, la cultura (que genera identidad), es borrada.

¿Qué historia se pueden contar a los niños acerca de los edificios que están construyendo?, ¡ninguna! no se pueden inventar nuevas historias, porque no hay un arte detrás que permita argumentar la transmisión de la cultura. Este traspaso cultural se está destruyendo, no sólo en Ñuñoa.

Por eso me pregunto, ¿Qué ciudad queremos los chilenos?

Me hago esa pregunta porque es difícil entender los cambios que van sucediendo y que un municipio, votado por sus vecinos, apruebe tanto cambio a su comuna. ¿Habrá sido una propuesta del señor Zhari cambiar el estilo de vida de los ñuñoínos y por eso salió electo? ¿O serán caprichos locales que quieren dar la pelea en sus barrios?

Me imagino que detrás de los “nuevos compradores” o los que adquieren un departamento para “inversión” (que no necesariamente viven en la comuna, incluso que no viven en Santiago) tienen intereses muy particulares que sólo se remiten a esperar comprar una vaca que les de leche.

Por eso es preocupante pensar que la ciudad que queremos (porque nos gusta, porque la promovemos al consumirla) no es más que una ciudad donde el mercado es el que prevalece, sin importar el espíritu de las cosas, sin importar el arte.

No es realmente una ciudad de voluntades, de intenciones, de desarrollo consciente, de construir en comunidad, sino es una ciudad de desorden, de falta de respeto, de poco amor…y de ignorancia, piense que un departamento es un trozo de tierra que se reparte entre muchas personas, ¡si!, entre todas las del edificio. Pero eso parece no ser un factor importante, comprar un departamento es lo que se nos ha impuesto y es lo que se debe “hacer” para “ser” (o parecer).

Cuidemos los barrios de norte a sur, es ahí donde nace nuestro rico y diverso patrimonio colectivo, hagamos ciudad, pero una ciudad que mire al futuro con el respeto y afecto que necesita hoy más que nunca nuestra cultura.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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