El Ministro imaginario

Finalmente el rumor que corría hace meses se hizo realidad, el ex jefe de servicio de Cultura Luciano Cruz Coke aceptó ser candidato a senador por la región de Antofagasta como independiente en cupo de Renovación Nacional.

Nuestra legislación señala que en el caso de Ministros e Intendentes que deseen ser candidatos a parlamentarios, estos deberán dejar su cargos al menos un año antes de la fecha de la elección en la cual se postularán. Así lo hicieron correctamente la totalidad de los Ministros que deseaban ser candidatos.

Este requisito se fundamenta en cuestiones de sentido común. Ambos cargos, Ministros e Intendentes son, después del Presidente, los de mayor importancia en el poder ejecutivo, ambos diseñan y ejecutan políticas públicas, manejan recursos, contratan equipos humanos y servicios, tienen cobertura mediática, etc. etc. Se intenta entonces, evitar el eventual mal uso que alguna de estas autoridades pudiera dar a su cargo, con un tiempo prudente de antelación.

Entonces algún hábil abogado experto en derecho administrativo descubrió que cual impuesto, Cruz Coke podía eludir esta norma, por cuanto en estricto rigor jurídico, no era Ministro sino solo jefe de servicio. Esto le permitió estar casi 8 meses más que lo que la ley establece haciendo uso y abuso de todos los beneficios de ser Ministro, con publicidad pagada por todos los chilenos.

Ahora descubrimos que el Ministro no era Ministro. No importa que participara en todas las reuniones de Gabinete del Presidente, ni que apareciera en las fotos del 21 de mayo, ni que representara al país como Ministro en diversos foros internacionales, ni que todas las cartas, documentos, libros y resoluciones del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes tengan como pie de firma “Ministro-Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y Las Artes” o que dos proyectos de ley tengan su firma como Ministro, porque en estricto rigor jurídico el Ministro no era Ministro.

Según el Secretario General de Renovación Nacional en “El primer café” de Cooperativa, quienes han reclamado por esta situación solo quieren aprovechar una formalidad con una tinterillada, para evitar que el ahora ex jefe de servicio sea senador. Probablemente sea la misma lógica ética la que utilizan en otros aspectos de la política y la vida, si se puede aprovechar que la puerta esté entreabierta por qué no pasar.

¿Qué pasará si el Tribunal Constitucional y la Contraloría confirman como legal la postulación de Cruz Coke? Entre otras cosas, quien lo reemplazó en el-ahora no sabemos qué cargo- no podría participar en las reuniones de gabinete, representar a Chile como Ministro, ni tener actividades mediáticas como tal. Debería cambiar el pie de firma de todos sus documentos a “Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes” o “Jefe de Servicio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes”.

Hay algo sin embargo más grave para todo el sector cultural y que será el peor daño que Cruz Coke habrá infringido a la cultura, aún peor que su mala gestión en el cargo. Con José Weinstein y Paulina Urrutia, nadie nunca discutió la potestad de sus cargos para instalar temas sectoriales en el Congreso Nacional, debatir sus presupuestos y diversas iniciativas legislativas en las respectivas comisiones y salas, cuestión que sólo los Ministros están facultados para realizar.

Si se confirma la postulación del ciudadano Cruz Coke, su sucesor Roberto Ampuero debiera estar también impedido de asistir al Congreso en calidad de Ministro y esto en medio de la discusión del proyecto de Ley que crea el Ministerio de la Cultura.

¿Quién será entonces la contraparte para la discusión de este proyecto y del presupuesto de CNCA del próximo año? ¿La Ministra Schmidt o el Ministro Larroulet? Cincuenta años costó tener institucionalidad cultural y unos pocos meses y mucha ambición podrían destruirla. Si cabe la posibilidad, esta podría ser la peor actuación del otrora “actor”.

Más paradojal resulta que el ex, no sabemos qué, Cruz Coke represente al movimiento Evopoli, la nueva generación de la derecha chilena, aquella que viene a rescatar al país de las viejas y malas prácticas políticas. ¿Y cómo hace esto? usando un resquicio legal de la más baja estofa, después de haber hecho uso y abuso de recursos públicos para hacerse campaña.Que alguien nos libre de esta renovación.

Ahora bien, algo de todo esto es cierto. Efectivamente durante este gobierno no tuvimos Ministro de Cultura, no por la formalidad de su cargo, sino porque en la práctica, su gestión de 4 años fue para el olvido. Más allá de lo legal, esta debiera ser razón suficiente para inhabilitarlo como candidato.

O quizás todo esto es producto de un arranque de creatividad del Presidente quien en una noche de insomnio pensó: tomaré una nueva medida fundacional en mi gobierno, pero que al mismo tiempo sea un poema y una acción de arte, que demuestre mi compromiso por la cultura.

Tendremos el primer Ministro imaginario, que dirija un Ministerio imaginario y con una política cultural imaginaria. Parece que a alguien ya se le ocurrió algo parecido, pero no importa total ya se murió.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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