De diagnósticos a decisiones: las trabajadoras no pueden seguir esperando

En Chile ya no basta con reconocer la desigualdad. La propia ministra de la Mujer, Judith Marín, encarna hoy una contradicción evidente de este gobierno: se habla de brecha salarial, empleo femenino y corresponsabilidad, pero las mujeres trabajadoras siguen esperando políticas públicas concretas que cambien sus condiciones de vida.

La realidad es dura. La brecha salarial golpea con más fuerza a las mujeres; el desempleo femenino ya alcanza el 10%; y son miles las trabajadoras que continúan sosteniendo dobles y triples jornadas, haciéndose cargo de hogares, crianza y cuidados, mientras enfrentan un mercado laboral que paga menos, exige más y ofrece menor estabilidad.

Los estudios recientes de la Fundación SOL ayudan a graficar este escenario. En Chile, la mitad de las mujeres ocupadas gana $510 mil pesos o menos. Además, más del 31% se desempeña en empleos informales, superando la tasa de informalidad de los hombres, mientras la brecha salarial alcanza el 29% en las grandes empresas. A ello se suma el trabajo de cuidados no remunerado e invisibilizado, que continúa condicionando y castigando la participación laboral femenina. En este contexto, resulta difícil hablar de crecimiento económico sin abordar la precarización del empleo femenino y un modelo que sigue descansando sobre trabajo barato, cuidados no remunerados y desigualdad estructural.

Frente a esta realidad, la respuesta del Gobierno no puede ser una megareforma tributaria que reduzca impuestos a los más ricos y termine golpeando la economía cotidiana de las familias trabajadoras. Menos aun cuando existen 1,4 millones de hogares monoparentales y el 80% de ellos están encabezados por mujeres. Cada peso que se recorta en derechos sociales, cuidados, educación, salud o protección laboral termina recayendo sobre las mujeres trabajadoras.

Por eso decimos que el debate sobre empleo femenino no puede reducirse a llamados generales a "insertarse" en el mercado laboral. Las mujeres quieren trabajar, pero necesitan condiciones para hacerlo con tranquilidad, seguridad y dignidad. Eso exige avanzar en una política pública de cuidados robusta, permanente y financiada, que reconozca que cuidar no puede seguir siendo una carga privada asumida exclusivamente por las mujeres.

En ese camino, la aprobación del proyecto de sala cuna universal, actualmente entrampado en el Congreso, es urgente. No puede seguir existiendo una legislación que, en la práctica, castiga la contratación de mujeres y reproduce desigualdades desde la maternidad. La sala cuna universal no es un beneficio accesorio: es una herramienta básica para garantizar autonomía económica y condiciones laborales más justas para las mujeres trabajadoras.

También debemos abrir una discusión seria sobre el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Ese trabajo sostiene la vida, permite que otros puedan salir a trabajar y tiene un impacto económico incuestionable. Estudios recientes estiman que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivale al 19,2% del PIB ampliado de Chile, y que el 65,2% de ese aporte es realizado por mujeres. Es decir, las mujeres ya contribuyen de manera decisiva a la economía nacional, aunque ese aporte continúe invisibilizado y sin reconocimiento económico.

La ministra Marín y este gobierno tienen una definición que tomar: seguir administrando diagnósticos o impulsar decisiones reales. Porque las mujeres trabajadoras no necesitan más discursos de preocupación. Necesitan igualdad salarial efectiva, empleo digno, cuidados garantizados, sala cuna universal y reconocimiento económico del trabajo que históricamente se les ha impuesto como obligación.

Desde la CUT lo decimos con claridad: no habrá desarrollo justo mientras las mujeres sigan pagando, con su salario, su tiempo y su vida cotidiana, los costos de una economía diseñada para favorecer a los mismos de siempre. Las mujeres trabajadoras no podemos seguir esperando. La justicia social también tiene rostro de mujer y se mide en salario, tiempo, cuidados y autonomía.