El Informe anual de Productividad 2025 de la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad (CNEP) estima que la productividad total de factores (PTF) crecerá 0,5% en 2025, marcando el segundo año consecutivo de expansión, algo que no ocurría desde 2012 si se excluye la pandemia. Aunque este resultado es positivo, sigue siendo insuficiente para afirmar que se trata de un cambio estructural en la tendencia.
El informe plantea dos hipótesis para explicar este repunte. La primera se relaciona con la automatización y la reorganización productiva. El menor dinamismo del empleo y el aumento de los costos laborales han incentivado a las empresas a operar con equipos de trabajo más reducidos e invertir en digitalización y tecnologías. Esto ha generado un proceso de sustitución entre capital y trabajo, junto con una mayor complementariedad entre trabajadores y nuevas tecnologías, lo que podría estar impulsando la productividad.
El segundo mecanismo corresponde al mayor dinamismo del sector exportador. Tras casi dos décadas de estancamiento en términos reales, las exportaciones crecieron significativamente en 2024 y 2025. Este repunte coincide con el aumento reciente de la PTF, sugiriendo una relación positiva entre el desempeño externo y la productividad.
A pesar de estos avances, la PTF muestra una tendencia decreciente desde los años '90. Las cifras del crecimiento promedio móvil de cinco años recientes siguen siendo negativas, lo que indica que el crecimiento reciente es insuficiente para revertir una trayectoria de largo plazo desfavorable. La productividad laboral presenta un patrón similar: aunque creció 1,6% en el último año, mantiene una tendencia descendente, con un promedio de cinco años negativo.
El análisis comparativo con países desarrollados, especialmente Estados Unidos, revela que Chile logró cerrar brechas de productividad durante los años noventa, gracias a políticas de apertura comercial, modernización de infraestructura, y otras, lo que nos acercó a la frontera tecnológica. Sin embargo, desde los años 2000 este proceso se estancó y la PTF creció al mismo ritmo que en EE.UU., y desde 2020 la brecha se ha ampliado nuevamente.
Frente a este escenario, el emprendimiento y la innovación juegan un rol calve. Las decisiones empresariales en materia de organización, adopción tecnológica y gestión del capital humano influyen directamente en la eficiencia productiva. Asimismo, la innovación -entendida no solo como la creación de nuevas tecnologías o nuevos descubrimientos, sino también como adopción de tecnologías existentes- permite generar mejoras a nivel micro y macroeconómico, siempre que exista un entorno que favorezca la competencia y reduzca barreras de entrada.
Además, fortalecer el rol institucional de la CNEP, especialmente en el contexto de su posible transformación en una Agencia de la Calidad de las Políticas Públicas y la Productividad, permitiría adoptar mejores decisiones de política pública. En particular, se sugiere otorgarle un estatus similar al del Consejo Fiscal Autónomo, con informes periódicos al Congreso y, además, establecer mecanismos que obliguen al Ejecutivo a responder formalmente a sus recomendaciones, siguiendo ejemplos internacionales.
Mejorar la productividad en Chile requiere una combinación de capacidades empresariales y políticas públicas adecuadas. Reducir la burocracia, fortalecer la certeza jurídica, facilitar el emprendimiento y dinamizar el mercado laboral son elementos clave para convertir los avances recientes en un crecimiento sostenido de la productividad. En este proceso, el rol del próximo gobierno puede ser determinante para consolidar un cambio estructural en la trayectoria productiva del país.
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