A lo largo de la historia, la clase trabajadora ha librado diversas batallas para recuperar fragmentos de su tiempo y de sus vidas que han sido arrebatados por la patronal. Este conflicto, que enfrenta a quienes poseen la riqueza contra quienes solo cuentan con su fuerza de trabajo, va más allá de la simple distribución de la riqueza. Se trata de un control cada vez más asfixiante que el capital ejerce sobre la vida de las masas asalariadas, estableciendo mecanismos que degradan sus condiciones de vida, ingresos y tiempos.
En este contexto, los feminismos materialistas han rescatado la noción de Trabajo Socialmente Necesario, subrayando la importancia de las actividades domésticas y de cuidado en la construcción de horizontes emancipadores. Es esencial reconsiderar cuántas horas son realmente necesarias para la "producción" y reconocer que las actividades remuneradas deberían estar al servicio de aquellas que permiten la reproducción de nuestras sociedades y de la vida misma, y no al revés. Esta columna busca examinar cómo las reformas laborales en Chile, Argentina y México afectan el control del tiempo disponible para la clase trabajadora, especialmente para las mujeres, y cómo estas transformaciones reflejan una lucha más amplia por la dignidad y la recuperación del tiempo como una batalla central para los feminismos contemporáneos.
El capitalismo se organiza en torno a una noción de tiempo que se convierte en un recurso explotable y mercantilizable. Esta mercantilización, impulsada por la competencia, genera una dinámica autónoma que escapa al control de las trabajadoras y trabajadores. El tiempo no solo se convierte en una medida de productividad, sino también en un campo de lucha por el reconocimiento de la dignidad humana y los derechos laborales. En este sentido, el robo del tiempo a la clase asalariada, y especialmente a las mujeres, es aún más pronunciado, ya que las responsabilidades de cuidado y trabajo doméstico recaen desproporcionadamente sobre ellas, perpetuando una carga que las explota tanto dentro como fuera del ámbito laboral, alimentando el ciclo interminable del capital.
En nuestra región, tanto gobiernos progresistas como de derecha radical han propuesto reformas laborales que impactan directamente en las jornadas de trabajo y en el tiempo de las trabajadoras y trabajadores. A continuación, revisaremos breve y críticamente estas propuestas en México, Argentina y Chile.
México: 6 días de trabajo y sin pago de horas extras
La reciente reforma laboral en México, que pretende reducir la jornada a 40 horas para 2030, busca implementar un esquema de trabajo remunerado por horas. Sin embargo, esta iniciativa no garantiza ni siquiera dos días de descanso por cada cinco de trabajo, manteniendo un esquema de 6 días laborales. Además, el pago triple por horas extras se pospone a la cuarta hora diaria, lo que se traduce en un recorte encubierto de salario. Este modelo permite que un patrón exija hasta 12 horas de trabajo en cuatro días sin necesidad de pagar horas extras, evidenciando que la reforma está diseñada para beneficiar a los empleadores, no a quienes viven del trabajo.
Argentina: el banco de horas
En Argentina, la nueva legislación permite extender la jornada laboral de 8 a 12 horas sin la obligación de pagar horas extras, siempre que se respete un descanso de 12 horas. Entre las reformas laborales aprobadas se encuentra la creación de un "banco de horas", donde el tiempo trabajado en exceso se puede compensar con días de descanso en lugar de dinero. Este cambio, junto a un control sobre los sindicatos, debilita la capacidad de organización de la clase trabajadora, dejando en desventaja a quienes se ven obligados a lidiar con esta nueva forma de organización laboral.
Chile: la ilusión de la negociación entre "partes"
La Ley de las 40 horas en Chile no solo busca reducir la jornada laboral, sino que introduce una mayor flexibilidad en la organización del trabajo. Esto puede perjudicar a los trabajadores y trabajadoras al permitir que las empresas alteren la duración de la semana laboral, combinando semanas de 45 y 35 horas sin mediación sindical. Con esta ley, en las empresas donde haya sindicato se podrán pactar, respetando la idea de las 160 horas mensuales, semanas de hasta 52 horas de trabajo, a las que seguirán otras, por ejemplo, de 28 horas. En un contexto donde sólo el 13% de las trabajadoras y trabajadores negocia colectivamente, esta ley otorga más control a los empleadores en términos de organización de jornada.
El tiempo en conflicto
Un análisis comparativo de las reformas laborales en estos tres países revela una tendencia común hacia la desregulación y el debilitamiento del control de la clase trabajadora sobre su propio tiempo. La creciente desigualdad de poder entre empleadores y asalariadas/os es alarmante, con reformas que priorizan los intereses empresariales a expensas de los derechos laborales fundamentales. Además, estas transformaciones desorganizan la vida personal y familiar, aumentando la carga sobre quienes asumen responsabilidades de cuidado.
En este escenario, en el que el capital avanza sobre la vida, es crucial retomar la conversación sobre el tiempo. Recuperar el tiempo como eje fundamental de una agenda anti sistémica impulsada desde los feminismos es esencial. Nuestro tiempo debe estar orientado hacia el bienestar social y no hacia una mayor explotación. La complicidad de gobiernos, ya sean fascistas o progresistas, con modelos que exprimen cada segundo de nuestras vidas es simplemente criminal.
Defender estos tiempos es, por ende, defender la vida misma y la autonomía, cuestionando las jerarquías impuestas por el capital. La lucha por el reconocimiento y la valorización de estos tiempos no solo es una lucha por derechos laborales básicos, sino también por la dignidad humana.
Las reformas laborales en Chile, Argentina y México son más que simples cambios legislativos; son manifestaciones de una lucha por el control del tiempo y de la resistencia de toda la clase trabajadora ante la explotación. La centralidad del tiempo en la organización laboral debe ser reconocida como un elemento crítico en la lucha por los derechos de todas y todos, incluyendo a quienes trabajan en el hogar sin salario.
Para este 8 de marzo, es fundamental trazar un proceso colectivo que busque la recuperación de nuestras vidas. La batalla por el tiempo es, en esencia, la recuperación de nuestra propia fuerza de trabajo, una lucha por el reconocimiento de la dignidad humana en el contexto del capitalismo y por la reivindicación del tiempo como un bien común que debe estar en función de toda la sociedad.
Desde Facebook:
Guía de uso: Este es un espacio de libertad y por ello te pedimos aprovecharlo, para que tu opinión forme parte del debate público que día a día se da en la red. Esperamos que tus comentarios se den en un ánimo de sana convivencia y respeto, y nos reservamos el derecho de eliminar el contenido que consideremos no apropiado