Cada inicio de año escolar tiene algo de ritual: el reencuentro con la rutina, el orden que vuelve tras las vacaciones, las salas que se preparan para recibir a las y los estudiantes, pero es también algo más profundo: es el momento en que el país se mira a sí mismo y se pregunta qué estamos construyendo desde las aulas y qué responsabilidad compartida asumimos cuando hablamos de educación.
Este 4 de marzo, fecha oficial de inicio del año escolar 2026, más de 8.200 establecimientos a lo largo del país abrirán sus puertas, marcando el regreso a clases de más de 2 millones 300 mil estudiantes; cerca del 70% de la matrícula nacional solo ese día. Y si sumamos los recintos que iniciaron previamente, ya estarán funcionando más de 10.700 establecimientos, con cerca del 98% de las y los estudiantes del país en clases. Esto implica también familias organizándose, equipos educativos preparándose y comunidades enteras reencontrándose en la escuela.
Pero este inicio de año escolar no es solo el regreso a clases, es también la constatación de que el sistema educativo ha logrado estabilizarse después de uno de los periodos más complejos de su historia reciente: hace cuatro años atrás, apenas superada la pandemia, teníamos una inasistencia crítica que superaba el 36%, retrocesos importantes en aprendizajes y miles de estudiantes que habían perdido el vínculo con su escuela. La pandemia golpeó fuerte y no a todos por igual.
Hoy el escenario es distinto. Los resultados del SIMCE 2024 en cuarto básico mostraron mejoras históricas en Lenguaje y Matemática, las más altas desde que existe la serie comparable, mientras que la asistencia ha ido recuperándose de manera sostenida y la tasa de desvinculación alcanzó su mínimo histórico, llegando a 1,3%, incluso por debajo de los niveles previos a la crisis sanitaria. Sin embargo, sería un error reducir este proceso a estadísticas: detrás de cada punto porcentual hay trayectorias educativas que se sostuvieron y otras que lograron reencauzarse; hay 10 mil niños, niñas y jóvenes que volvieron al sistema escolar; hay docente, asistentes de la educación, comunidades educativas que resistieron en momentos adversos, familias que volvieron a confiar y que hoy siguen construyendo futuro porque la educación no es sólo un proceso eminentemente humano, sino que también colectivo.
Durante estos meses, como Ministerio de Educación seguimos trabajamos decididamente para un óptimo inicio del año escolar, con el propósito de resguardar las trayectorias educativas de niñas, niños y jóvenes a lo largo del país, que permita vivir una experiencia positiva desde el primer día. En ese marco, el trabajo previo al inicio del año escolar implicó un despliegue temprano y coordinado en todo el país: desde la activación de planes de contingencia en las zonas afectadas por los incendios en Ñuble y Biobío para dar inicio al año escolar, hasta la gestión anticipada para que textos escolares y útiles lleguen oportunamente a los establecimientos. Son acciones concretas que buscan que cada estudiante cuente con los apoyos necesarios para aprender y desarrollarse.
En este nuevo año educativo queremos reforzar nuestra convicción profunda de que todas y todos pueden aprender. Para ello, asistir a clases es fundamental, por eso, hacemos un llamado a las familias y a las comunidades educativas a promover que niñas, niños y jóvenes asistan desde el primer día, y todos los días. No solo es importante estar presentes, sino poder disfrutar de la experiencia de aprender, convivir y desarrollarse en sus comunidades educativas. Como dijo el Presidente Gabriel Boric: "Queremos que el acceso a la escuela no sea sólo al conocimiento, sino también a la felicidad".
Porque la educación es más que resultados y reformas, es el lugar donde se aprende a convivir, a sentirse parte de algo común; es donde se forman las bases de nuestra democracia. Al comenzar este nuevo año escolar, sabemos que hemos avanzado y que hay desafíos que persisten, pero también tenemos la convicción de que seguir avanzando es posible cuando el compromiso es colectivo, porque el presente y el futuro de Chile, en definitiva, vuelve a empezar cada marzo, en cada sala de clases.
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