Cuidado de la infancia: ¡Vamos que se puede!

Podríamos estar destruidos anímicamente. Decenas de personas que trabajamos en educación, salud, salud mental, bienestar socioemocional y protección de niños, niñas y adolescentes, nos reunimos por quinto año consecutivo en Jahuel, en el Congreso sobre el tema*. Profesionales, académicos, científicos, profesores, servidores públicos, políticos, de ONGs, Estado, escuelas, municipios, SLEPs, universidades, empresas. Ya somos una comunidad. Y podríamos estar destruidos.

El tema de este año fue la violencia contra la infancia en Chile. Entender la dimensión del problema, su impacto y caminos de solución. Las cifras son deprimentes. Genera mucha impotencia, frustración y tristeza pensar en los miles de cuerpecitos y corazones rotos de esas guaguas, niños, niñas, adolescentes, que viven el abuso, la negligencia, la soledad y la violencia cotidiana en sus hogares, su barrio o su escuela. También en residencias y hasta en la calle. Te atraviesa el sentimiento de que no es justo, realmente no es justo comenzar así la vida. Porque aunque hay muchas notables excepciones, ese inicio marca la trayectoria de vida y prepara un futuro adulto igualmente doloroso.

También nos cruzan la rabia y la incredulidad: somos un país con tantos logros ¿cómo no somos capaces de resolver esto, que es primordial? Nace diariamente la misma cantidad de niños que aquellos que son institucionalizados ¿Será igualmente prioritario para todos? Todo eso, el primer día. Por fortuna, existe siempre una segunda parte.

Llega el segundo día, cuando aparecen los héroes: profesores excepcionales de lugares alejados de los centros urbanos, que hacen la diferencia con amor y son reconocidos por sus comunidades; alcaldes que se la juegan por la infancia como prioridad en su discurso, presupuesto, plan de acción y foco institucional; autoridades que no sólo se movilizan por este propósito sino que tienen historias personales de infancia que fundan esa vocación; líderes sociales que superaron terribles adversidades en la niñez y adolescencia y se transformaron en un faro para miles de otros, en sus comunidades. Y nos vuelve el alma al cuerpo.

Fundaciones que año tras año invierten sus escasos recursos en el bienestar y el cuidado de los niños y niñas más vulnerables. Universidades que se asocian y se abocan a la investigación del fenómeno para incidir y aportar a las políticas públicas, con evidencia. Aparecemos todos con nuestros empeños y proyectos. Cada año más cercanos y con más vínculos de confianza y colaboración. Entonces de la desolación pasamos a la esperanza. De la rabia al diseño. De la pena a la ejecución.

Este año incluso pudimos celebrar varias nuevas leyes (Convivencia, Pantallas, Ejercicio en el Colegio), nueva institucionalidad funcionando (Oficinas Locales de Niñez) y tremendos centros de estudio que colaborarán en la tarea (MISTRALL, IINARA). Nada de esto existía el año pasado.

Falta mucho y ante la adversidad, nos aferramos a nuestra propia resiliencia. Al igual que los miles de niños y niñas que desarrollan justamente eso, resiliencia ante la adversidad, gracias a su capacidad interior sobrehumana de sobreponerse a lo que viven.

Entonces nos vamos de Jahuel conscientes del abismo pero animados, energizados, llenos de nuevas ideas y convicción. Y comenzamos un nuevo ciclo sabiendo que en el próximo encuentro habremos avanzado, ojalá mucho, y seremos más. ¡Vamos que se puede!

(*) V Congreso de Niñez, Salud Mental y Educación. "Rompamos el círculo de la violencia". 1 y 2 de octubre. Termas de Jahuel. Organizado por Fundación Kiri y Fundación MC