Sobre la crisis en Venezuela

He leído opiniones que piden apoyo y solidaridad para Nicolás Maduro y las decisiones del gobierno de Venezuela, planteando que ello sería una condición para un militante de izquierda, o sea si se es de izquierda hay que apoyar al actual régimen venezolano, si no es así se deja de serlo. Este argumento es una falacia.

Con ese criterio se sostuvo el estalinismo durante décadas. En el intertanto la llamada "vieja guardia bolchevique", es decir, el núcleo de militantes que en torno a Lenin formaron el Partido Obrero Social Demócrata Ruso, y que luego encabezaron en noviembre de 1917 la toma del poder, fue diezmado y destruido en una cruenta e incesante represión que llegó a las peores formas de terrorismo de Estado.

Para qué voy a seguir. La historia es conocida. El sistema soviético nunca se pudo reponer de esas increíbles pérdidas humanas. En las cárceles, de la peor manera, se perdió lo mejor de la inteligencia que se había forjado en las luchas del movimiento obrero por la libertad y contra la autocracia.

Después de Stalin, vino Jrushchov, luego Brezhnev y sin democracia los problemas del estancamiento no encontraron solución. Finalmente, la perestroika creada por Gorbachov, en los años 80, llegó tarde. El año 1991, la Unión Soviética se desplomó.

El largo tiempo sin democracia desató una dura lucha de grupos organizados durante la decadencia del régimen, que tomaron la propiedad estatal y se quedaron con ella, muchas veces gratuitamente, saquearon el país hasta atiborrarse de riqueza.

En Chile, la experiencia allendista de 1970-73, siguió otro camino, pero no pudo sortear la conjura alimentada y facilitada por la intervención de los Estados Unidos, en plena guerra fría. No se entendió que la democracia estaba en peligro y los demócratas no supieron resguardarla como las circunstancias lo exigían. Pero la vía chilena jamás atentó en contra de las libertades públicas y de los derechos políticos y sociales, el respeto al pluralismo era su línea invariable.

La lección es clara, para generar un régimen de cambios que sea firme y duradero hay que afianzar la democracia, que es una conquista civilizacional de los pueblos. Ese es el camino. Una dictadura entrega el poder a los poderosos, los que ya lo son o los que surgen bajo su manto siniestro.

De allí  que la crisis en Venezuela exige una solución política que detenga la pérdida de vidas humanas y evite una cruenta confrontación interna. En su consecución la responsabilidad mayor recae en el gobierno de Nicolás Maduro, por cuanto es el detentor del uso de la fuerza y ha dirigido el país en el largo trecho previo a la crisis económica, cuyo impacto empuja la protesta social.

La situación se agrava, hay peligro de una crisis humanitaria. Además, al iniciarse una etapa en que se pretende implantar un cambio constitucional de alcance indeterminado, la propia herencia del fallecido Presidente Hugo Chávez, queda absolutamente cuestionada. Quienes se proclaman sus herederos aparecen demoliendo su legado.

Hay que apoyar la posición del gobierno de Chile, tendiente a demandar respeto a los derechos humanos y abogar por una solución que permita un horizonte de paz, respetándose de modo irrestricto el Estado de Derecho, rechazando cualquier tipo de amenaza dictatorial, condición necesaria para asegurar las conquistas sociales del pueblo y la nación venezolana.

No se puede callar ante la reiteración de la injusticia de caer en una ruta autoritaria, ese es un error garrafal para un proyecto socialista, el que podrá superar una crisis y perdurar en el tiempo, sólo si es capaz de mantener y afianzar la democracia. La historia, así lo ha indicado, hasta el cansancio.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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