A estas alturas resulta irrisorio que exista la necesidad de aclarar lo siguiente: las comunas de Chile no son todas iguales. Ni en tamaño, ni en densidad poblacional, ni en áreas verdes, ni en acceso a servicios, ni en recursos económicos. Tristemente resulta necesario hacerlo explícito ante la propuesta de compensación del gobierno de José Kast por los recursos que su megarreforma le costará a los municipios del país.
En sencillo: el Fondo Común Municipal se nutre en 57% del impuesto territorial, es decir, las contribuciones. Cada comuna aporta 60% de lo que recauda en contribuciones al fondo, donde -evidentemente- las comunas más ricas aportan más, dado que cuentan con viviendas de mayor tasación fiscal. Y, recordemos, sólo pagan contribuciones las viviendas cuya tasación fiscal supera los 61 millones aproximadamente, al día de hoy. Por lo tanto, la mayor cantidad de recaudación por contribuciones se encuentra en las comunas "más ricas". Luego, al aportar al Fondo Común Municipal, éste se distribuye de manera equitativa entre todas las comunas del país, donde aquellas que tienen menos recursos dependen en mayor medida del fondo, mientras que las que tienen más recaudación, requieren de menos apoyo. En concreto, mientras comunas como Vitacura sólo dependen en alrededor de 3% del Fondo Común Municipal, La Pintana lo hace en 81% y Puente Alto en 74%.
Además, el promedio de dependencia a nivel nacional es del 43,6%, mientras que en la Región Metropolitana es de 30%. Así encontramos también comunas como Rapa Nui, que dependen en 99% del FCM o como La Florida, que si bien depende en 43,6% del fondo, es una de las tres comunas que más cantidad de dinero reciben. Un informe de la Contraloría de agosto del 2025 señala que la cifra ascendió a $39.000 millones.
Entonces, yendo al grano, el problema que se genera con la exención tributaria contenida en la megarreforma, a la que podrán acogerse adultos mayores sin importar su situación económica o el valor de su vivienda, es que se genera un déficit total de US$200 millones anuales. US$130 millones corresponden al Fondo Común Municipal y US$70 millones al ingreso directo a las municipalidades que recaudan directamente por contribuciones. Por lo tanto, al hablar de compensar, lo lógico y lo justo sería que el gobierno se encargue de que el FCM reciba esos US$130 millones anuales y que se siga distribuyendo equitativamente como se hace hasta ahora: con las comunas con menos recursos recibiendo más para apoyar su gestión y los servicios que prestan a los vecinos como: prevención en seguridad, salud, educación y obras públicas.
Incomprensiblemente, sin embargo, la propuesta del gobierno es otra: compensar proporcionalmente las pérdidas por la exención a las municipalidades. ¿Qué significa esto? Que, con esa fórmula la Tesorería General de la República le compensaría directamente a las municipalidades según las contribuciones que dejarán de percibir. Y ahí volvemos al inicio: ¿Cuáles son las comunas que más recaudan por contribuciones? Aquellas de altos ingresos como Las Condes, Vitacura o Lo Barnechea. ¿Y de dónde saldrá esa compensación? De las arcas fiscales, es decir, de los impuestos que pagamos todos los habitantes del país. Así entonces, un vecino de La Pintana terminará contribuyendo a que Las Condes reciba 13.062 millones, mientras su municipalidad dejará de recibir 893 millones para pasar a percibir apenas 69 millones.
Siguiendo con este cálculo, publicado por el Observatorio de Políticas Económicas (OPES), con la fórmula de compensación directa Vitacura recibiría 7.578 millones, y Lo Barnechea 8.209 millones. Mientras tanto, Puente Alto recibiría 355 millones, lo que dista mucho de los 2.426 millones que recibiría si la compensación fuera al Fondo Común Municipal.
Lo más grave de todo esto es que en cualquier democracia que se precie de tal, esta discusión podría debatirse con argumentos, datos y expertos. En este gobierno, lamentablemente, que poco y nada de respeto tiene por el debate democrático y el parlamentarismo, respondió a través del ministro Quiroz: "Si los alcaldes prefieren que no los compensen, no se compensa no más". Así, como si se tratara de una pataleta, los habitantes de Chile hoy no tienen más opción que quedar sometidos al arbitrio de la prepotencia de Kast y su gabinete.