Ghettos verticales

Una visita en terreno del Intendente, Claudio Orrego, permitió conocer el drama de miles de familias hacinadas en ghettos verticales, es decir, elevados edificios con centenares de departamentos en que se refugian esos grupos de personas, en espacios reducidos, insuficientes para vivir con dignidad y como hoy corresponde al ser humano.

Las imágenes hablan por sí solas. Se trata de enormes construcciones rectangulares, diseñadas para usar cada centímetro cuadrado en favor de una densidad fuera de toda lógica o sensatez que se transforma en una desmesurada acumulación de familias, cuya privacidad e intimidad, seguridad y tranquilidad se anulan en tan formidable como inhumana forma de coexistir.

Es la concepción ultraliberal aplicada en un municipio liderado por la UDI hace ya varios periodos. Es lo que llaman política de "espacios abiertos" que significa que se haga lo que se quiera, es decir, en el ámbito urbano que las inmobiliarias impongan su voluntad. Con las consecuencias que saltan a la vista.

En esta materia hay responsabilidad política de quienes piensan que el mercado lo resuelve todo y que el espacio público está para hacer negocios. Es la propuesta del piñerismo para retornar al gobierno. No es casual su absoluto silencio frente al drama social que ha quedado al descubierto.

Cuando se ha intentado planificar y regular el espacio urbano la derecha ha saltado de inmediato en contra, empujada por un resorte, el de su ideologismo a ultranza, que de inmediato acusa de estatismo trasnochado las ideas que promuevan que la ciudad y los barrios sean espacios amigables y adecuados para vivir.

Ese extremo ideologismo, es la cubierta que resguarda una codicia desenfrenada de ciertos grupos, que levantan esas moles que aparentan progreso para hacer posible un afán de ganancias que ahoga a los sectores populares, y transforma los barrios en hacinamientos en que proliferan los asaltos, el narcotráfico y la violencia callejera.

Por eso, las acciones demagógicas que impulsan algunos ediles de derecha no son más que eso, iniciativas para ganar popularidad fácil, como son las llamadas policías municipales con que pretenden crear un cuerpo policial a la medida, para atender la clientela electoral y dotarse de una falsa imagen de "sheriff", con que engañar incautos.

La seguridad ciudadana comienza con villas, poblaciones y barrios en que se pueda vivir y compartir; con espacios públicos y centros de entretención acogedores que no dependan del tamaño del bolsillo de las familias y con autoridades edilicias que sean capaces de contener y no de alimentar la riqueza de un grupo de inmobiliarias, interesadas solo en lo suyo y no en la vida de las familias y la comunidad.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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