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La verdad de Piñera

La información acerca de la relación del ex Presidente Piñera con el proyecto "Minera Dominga", en la región de Coquimbo, constituye un hecho de la mayor gravedad, por cuanto indica un uso del poder que no corresponde al ejercicio legítimo de la investidura de Presidente de la República.

Como se sabe, en el ejercicio de su cargo, Piñera tomó contacto con la empresa franco-belga Suez Energy que llevaba adelante el proyecto de la Central Termoeléctrica Barrancones y obtuvo con un ya mítico telefonazo que el consorcio abandonara la concreción de dicha inversión.

Entonces, desbordante de auto complacencia Piñera se exhibió ante las cámaras y micrófonos como baluarte ecológico: "me siento feliz de poder preservar un santuario de la naturaleza". Lo que no dijo es que sus intereses financieros estaban del lado de un proyecto minero que iba a generar nuevas y mayores amenazas al medio ambiente, radicadas en su mismo círculo familiar, según sus mismas palabras en la tarde del 27/F de este año, irritado por el escándalo generado por sus propios negocios.

En algún momento hubo quienes se entusiasmaron y, sumado lo anterior al rescate de los 33 mineros en Atacama, se llegó incluso a que un diputado de RN planteara una reforma constitucional para permitir la reelección presidencial, el gobernante no podía sino ser premiado otorgándole una cláusula legal que lo atornillara al poder. Pero, la euforia duró poco y no se volvió a mencionar tan exótica propuesta.

Hoy, se descubre el iceberg, no es otro que un Fondo de Inversión Privada (FIP), en control de Piñera hasta noviembre del 2010 que le permitió un ingreso millonario, debido al proyecto Minera Dominga.

Es decir, que mientras se presentaba como amante de la naturaleza, ese mes de agosto, estaba engañando al país. Ese es el iceberg, un instrumento financiero, usado en Chile y el mundo, repetidas veces con fines de ocultar, disfrazar o encubrir movimientos de capital por aquellos que son expertos en juegos bursátiles y especulativos.

A través de ellos se obtienen miles de millones de utilidades, sin trabajar, simplemente por medio de la presión, un dato, una avivada, o por la ventaja imposible de contrarrestar que significa el poder, como factor de fuerza o amenaza de su uso, como información privilegiada o centro principal en la toma de decisiones que afectan la esfera de lo público. Es la fuerza del "telefonazo", ese factor sin igual que emana de la ciudadanía al elegir un Presidente.

Ese inmenso instrumento que es la Presidencia de la República hay quienes lo ambicionan para mejorar el país o para cambiar la sociedad, hay algunos que tienen fines de progreso y crecimiento. Así como hay afanes nacionalistas, con sueños de grandezas imposibles, también se mira el gobierno con fines de paz o estabilidad en medio de una crisis; en fin, hay aproximaciones ideológicas o pragmáticas. Así es la diversidad de opciones.

Se trata ahora de asumir que hay quienes ambicionan el poder como un instrumento de fortuna personal, un factor que realiza una codicia irrefrenable, los hechos indican que Piñera pertenece a esta categoría, lo comprueba su incontinencia ante la ganancia, la "pasada", utilidad o como se le llame. Esa es su verdad, la que ahora tod@s conocen.

El país debe tomar nota de aquello, de lo que conlleva como factor de ejercicio del poder en el caso que así ocurriera. De nada vale echarle al culpa al comunismo, que mientras Piñera amasaba millones sobrevivía dificultosamente las persecuciones de la dictadura y que es imposible acusar de haber sido el causante de la codicia ilimitada del ex gobernante.

Tampoco vale la excusa de que "ya tiene mucha plata" como hace alguno de sus ex ministros, cuando no tiene capacidad alguna de controlar esa manía ansiosa de dinero que lo convulsiona, arriesgando sin sentido precisamente porque tiene mucha plata, su propio prestigio, el de su familia y el del país al ser Presidente.

A estas alturas no habrá novedades. Los centros hegemónicos de la derecha ya decidieron que Piñera sea su candidato presidencial, falta solo el trámite formal que lo consagre.

Así como, al apoyar a Pinochet cargaron con un régimen despótico que ahora no reconocen como suyo, eludirán nuevamente su responsabilidad política, ya que no se opondrán a su preponderancia económica.El sentido institucional de  aunar esfuerzos por el país será pospuesto y olvidado.

Las ideas son abstractas, el dinero es quien ahora decide el camino de los grupos de poder determinantes en la derecha. Por eso, van a confirmar a Piñera. Tal vez, algún directivo de la cara, la mayoría se ocultara en las asambleas que lo van a ratificar. Ante ello, Chile requiere elegir un buen mandatario, que asuma el interés nacional y no el enriquecimiento propio como su guía esencial.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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