Los primeros días de este gobierno, llamado de "emergencia" y que preside José Kast, confirman que se insiste en mantener las "falsas verdades" que se instalaron durante su campaña y que le han permitido acceder legítimamente a La Moneda. Confirman, además, que el estilo Trump ha permeado a los líderes de su sector ideológico, la ultraderecha, de modo que se continúa gobernando ahora utilizando la nueva herramienta para gobernar y, curiosamente, mediante "decretos".
Desde la academia tenemos el deber social histórico de denunciar ante la ciudadanía esta realidad e invitar a los lectores a profundizar su conocimiento sobre la realidad, a formarse su propia opinión argumentada y a rechazar esta situación que se va imponiendo frenéticamente, aprovechando los famosos "cien días" en que el gobierno debe realizar un conjunto de cambios que sean imposibles de revertir en el corto plazo, y que aprovechan un lapso de tiempo en que tradicionalmente la ciudadanía aparece inmovilizada o expectante.
En una columna con espacio necesariamente restringido no es posible abordar los muchos ejemplos que en estos días los llamados "asesores del segundo piso", los nuevos "parásitos", según su propia nomenclatura, han generado. Permítanme un par de ejemplos.
Recientemente, la ministra de Seguridad ha afirmado que su objetivo es "recuperar el Estado de Derecho". ¡Esta afirmación resulta increíble por su formación y el rango de autoridad que ocupa ahora! En efecto la palabra recuperar implica el "volver a tener algo que antes se tenía". De hecho, con sus palabras, imaginamos conscientemente, la ministra nos informa que hoy vivimos en una democracia "en la que no existe ni se respeta el Estado de Derecho", lo que desde luego representa una contradicción insalvable. Existiría desde el punto de vista legal un caos. La propia y reciente elección presidencial sería una farsa y su designación como ministra un chiste. Más aún, su reciente trabajo como fiscal no tendría sustento alguno y sus investigaciones como sus decisiones en ese ámbito no habrían tenido un marco legal y constitucional que las ampare. La supuesta separación de poderes reflejada en el gobierno, el Congreso y el Poder Judicial consustancial a la democracia no existen y tendríamos que recuperarla. Aprovechando la crisis de seguridad y el avance del crimen organizado, que obviamente generan preocupación y temor ciudadanos, se nos quiere seguir vendiendo la mentira con la diferencia que ahora no desde una candidatura presidencial, sino que directamente desde el gobierno.
Por otra parte, la vocera del gobierno al tratar de justificar el alza del precio de los combustibles, y repitiendo la mentira usada en campaña de que "Chile se cae a pedazos", nos informa que "Chile está quebrado". ¿No será como mucho? Hasta donde sabemos el país -a pesar de las primeras medidas de este gobierno- continúa funcionando normalmente, cumpliendo sus obligaciones internacionales y pagando sus compromisos financieros. El propio ministro de Hacienda insiste en que "se recibió la caja fiscal con cero pesos". El ministro de Hacienda del gobierno anterior ha señalado que la disponibilidad de la caja fiscal a diciembre de 2025 superaba en 20 veces la cifra dada a conocer por el nuevo ministro.
En este contexto, llama profundamente la atención que la propia Contraloría haya salido a solicitar al gobierno los antecedentes concretos a raíz de los cuales la nueva vocera señaló que el país está quebrado.
Tengamos presente que el presidente Boric recibió del gobierno de Piñera un déficit fiscal que alcanzaba más del 7% del PIB y al entregar su gobierno éste alcanzó a 2,8%, y que la inflación alcanzó un máximo de 14,1% en agosto de 2022, el nivel más alto en 30 años, antes de iniciar una notable disminución hacia el 2,4% en febrero de 2026. Hoy que se habla de aumentar la inversión, conviene tener presente que la inversión extranjera directa alcanzó en 2023 su máximo histórico situándose en U$ 21.378 millones.
Una situación financiera fiscal delicada no es lo mismo que una quiebra. Ella no puede manejarse con un conjunto de medidas que significan encarecer la vida de los chilenos y restringir derechos y posibilidades de realización personal, cuando al mismo tiempo, este gobierno se ha comprometido con los grandes empresarios y los ricos de este país a rebajarle los impuestos. ¡Vaya tamaña contradicción que hace patente las mentiras!
Y por último, Hacienda modificó uno de los parámetros de cálculo del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco), lo que se tradujo en un alza espectacular del precio de bencinas y petróleo que se justifica con la guerra declarada por Israel y EE.UU. a Irán y el alza del precio del barril de petróleo y, nuevamente con la mentira del Chile quebrado. Llama la atención la ignorancia y el sesgo ideológico del Primer Mandatario cuando -en contra del interés de Chile- saludó esta ofensiva en nombre de "la democracia y la libertad". Si estaba claro que dicho conflicto conduciría a la situación que enfrentamos hoy, ¿por qué Chile no ha sido enérgico en llevar el tema a los organismos internacionales y exigir que esta guerra termine para no producir una espiral inflacionaria que atenta contra todos los esfuerzos de los últimos años y que empobrecerá especialmente a la clase media y a las clases populares?
Esta nueva herramienta para gobernar se expresa en otras medidas inconsultas e impresentables, como la idea de liberar a los presos detenidos por delitos de lesa humanidad en Punta Peuco, o eliminar la gratuidad para mayores de 30 años con ignorancia absoluta del nuevo paradigma que sugiere la conveniencia de entender la educación como un proceso para toda la vida. Parece que, al denominarse un gobierno de emergencia, nos advertía que ellos crearían una verdadera emergencia y no el gobierno saliente.
A partir de un diagnóstico falso se generan múltiples opciones de utilizar la mentira como nueva herramienta para gobernar, parece que más temprano que tarde llegara el momento en que usted reaccione.
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