"No hay plata", era el grito casi desgarrador conque el presidente Milei iniciaba su gobierno en Argentina, como una forma de denotar la gestión del gobierno anterior y, generar la excusa para no desarrollar políticas a favor de los más necesitados. Con algo menos de estridencia, lo mismo hace ahora, en Chile, el gobierno de Kast, especialmente su ministro de Hacienda, mintiendo incluso acerca de la recepción de las arcas fiscales de parte del gobierno de Boric.
Pero la intención es la misma. En ambos casos, se trata de prevenir a la población de que habrá que esperar mucho tiempo para generar algún cambio que favorezca las justas demandas de los más vulnerables y, con ello justificar, incluso, el retroceso en programas de inclusión o ayuda a quienes lo necesitan.
Adicionalmente, como parte del discurso neoliberal más extremo, en ambos casos se privilegia la "necesidad de generar mayor inversión" como motor del desarrollo que se señala como detenido en los años anteriores.
Así, se justifica la rebaja de impuesto a los empresarios más ricos, del 27 al 23%; la rebaja del IVA en la venta de miles de propiedades que no se venden por los altos precios que ellos cobran, sin explicar si ello se aplicará efectivamente a los precios de venta; el recorte a los aportes fiscales para el estudio universitario a quienes carecen de recursos para ello; el no incremento de la PGU y, todo aquello que genere gasto fiscal pues "NO HAY PLATA".
En paralelo, el ministro del Trabajo anuncia que se revisará la ley que rebaja la jornada de trabajo a 40 horas; el senador y presidente del Partido Republicano señala que se intentará retrotraer la ley de aborto en tres causales y, como si eso fuera poco, se aprueba en el Senado un proyecto cuyo único objetivo real es el dejar libres a los asesinos de la dictadura, recluidos, privilegiadamente, en Punta Peuco.
Mientras tanto, la mayor parte de los partidos que debieran componer la oposición al gobierno entrante se codean para "entenderse" con los parlamentarios de gobierno, para "repartirse" las comisiones legislativas, cuestión completamente irrelevante para los millones de chilenos, que hubiésemos esperado que -desde el primer día de este gobierno- se conformara un amplio espectro opositor para defender los derechos adquiridos, especialmente por las mujeres y los más vulnerables, cuestión que no solo se ve difusa, sino sin intención de que se produzca.
Lo más triste es que estos nuevos "líderes opositores" parecen no darse cuenta que con esa conducta solo lograrán que, los partidos a los que pertenecen, se sigan destruyendo y, los más necesitados sigan fluyendo hacia las promesas populistas de una derecha neofascista que, con el mensaje de poner por encima de todo la "seguridad", está llevando a millones de chilenos a olvidar que la lucha por la justicia social aún tiene un largo camino por recorrer y que no bastará, para quedarse conforme con la imposibilidad de avanzar en esa perspectiva, con el grito mentiroso de que "NO HAY PLATA".
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