Una vez más, ha surgido una preocupación por la isla de Rapa Nui, no por su desarrollo y las necesidades básicas cotidianas de sus habitantes -como debiera serlo-, sino que por una polémica plena de reacciones destempladas, fundadas en confusiones, desconocimiento e ignorancias conceptuales y de hechos sobre esta posesión territorial chilena, ubicada en la Polinesia, en pleno Océano Pacífico, a unos 3.800 kilómetros de nuestro borde costero continental; y que tiene una superficie de 163,6 kms² y población censada de 4.800 personas, al 2024.
Un hecho esencial y vital es tener siempre presente que Rapa Nui no es un pueblo originario de Chile, porque no estuvo en el origen de este país: es solo a partir de 1888 que pasó a ser parte, asociándose, incluso a través de un tratado. De allí que, leyendo con mucha atención recientes declaraciones y puntos de vista del exembajador Domingo Namuncura, de la académica y exconstituyente Elisa Loncón y de la reelegida diputada Ericka Ñanco, quisiera remarcar -con prudencia fraternal debida-, que ellos enfatizan en que el pueblo de Rapa Nui es uno más de los pueblos indígenas de Chile, y así, lo sería de sus pueblos originarios. Creo que el detalle pasa a ser sumamente crucial en lo cognitivo-político.
Al respecto, Rapa Nui es pueblo originario polinésico, sin lugar a ningún debate y/o duda.
Por otra parte, en el contacto con sus ciudadanos aborígenes, y de tales familias, es claro que subyace lo del independentismo, cuando se logra hablar con confianza conquistada y con una prudente tonalidad en dichas charlas discretas in situ. Cualquier persona que, con enfoque y propósito similar, establezca relaciones bipersonales, charlando allá, lo percibirá muy bien. Y también conocerá la síntesis de cuál es el por qué no se declama y/o reclama públicamente. La respuesta es no perder y/o poner en riesgo la vinculación de aprovisionamiento mensual de parte del Chile continental -"el conti", como ellos lo llaman coloquialmente-, para poder seguir sustentando sus propios aprovisionamientos básicos como los necesarios para su principal fuente local de ingresos: el turismo.
¿Qué sucedería si se aplicara, en relación al acceso a Rapa Nui por vía aérea, una auténtica y completa política de cielos abiertos, no teniendo Latam el actual monopolio de vuelos ida y vuelta, originados en y desde el Chile continental? Imaginemos, solo por poner un caso, si la compañía Air France efectuara vuelos desde Tahití -e incluso desde París, con escala en- a Rapa Nui, con su bien dotada pista de aterrizaje, ampliada hace ya algunas décadas, por un acuerdo con Estados Unidos, para unas supuestas necesidades espaciales. Obviamente, sucedería una completa nueva visión geoestratégica y geopolítica, en relación a esta posesión insular en medio del Pacífico, lo cual reforzaría lo originario y racial polinésico. Y la autodeterminación de los pueblos tendría pilares solidarios, a la vuelta de la esquina.
Ahora, me adentro en el tema de la diplomacia, dadas reacciones destempladas ante actos realizados por la embajadora Manahi Pakarati. Primero, ella no es la autora del emprendimiento material emplazado en algún lugar de Rapa Nui, quién sabe desde cuándo, y de la fotografía respectiva. Ella decide difundir esta información vía una red social, la que no era, aparentemente, conocida ni registrada en "el conti" ni por los responsables del Ministerio de Relaciones Exteriores -gabinete del señor ministro, su División Asia Pacífico y su Dirección de Comunicaciones Estratégicas-, y el Ministerio del Interior, la gobernación de Valparaíso y el delegado presidencial en Rapa Nui. Así es Chile, casi siempre reaccionando post factum. Y lo mismo en relación a declaraciones de la embajadora a RNZ Radio New Zealand, el 13 de septiembre de 2025. El ministro ad hoc -nada de extrañar- precisó su total desconocimiento de estos hechos: agregando su propio error muy garrafal al ver a Rapa Nui como un "pueblo originario" de Chile, con su habitual pusilanimidad señorial, ya muy desacreditada, y casi sin su inveterada y torpe sonrisa nerviosa. Así, ha sumado otro desaguisado en "su" política exterior. ¿Sabrá este ministro que un navegante -como él- neerlandés, Jakob Roggeveen, descubrió la isla el 5 de abril de 1722, fecha de Pascua de Resurrección?
¿Conocerán estos "responsables" que, los idiomas nativos, tanto el de Rapa Nui, como el de los maoríes, de Nueva Zelandia, son comprensibles y entendibles para sus usuarios y mutuos reconocimientos, pudiendo comunicarse verbalmente? Y la embajadora Pakarati lo practica muy bien, lo cual es muy valorado como imagen país, en lo bilateral con país de desempeño.
Es más, el candidato presidencial Gabriel Boric sostenía el 9 de septiembre de 2021 que: "hoy se cumplen 133 años del Acuerdo de Voluntades entre Rapa Nui y Chile. Lamentablemente, no hemos estado a la altura". Y afirmaba -pero sin cumplirlo tampoco, hasta hoy-: "En nuestro gobierno daremos fiel cumplimiento a ese tratado, restituiremos las tierras y avanzaremos hacia el autogobierno Rapa Nui". Es más, agregó: "Que se reconozca la autodeterminación, que se reconozcan a sus autoridades ancestrales y que en el territorio de Tepito Tehenúa se pueda volver a lo que corresponde, que es que ustedes sean los dueños y señores de su propio destino".
Solo cabe consignar aquí que, por una reforma constitucional, expresada en la Ley 20.193, publicada el 30 de julio de 2007, la isla es considerada un "territorio especial". Ver para creer.
Inescapablemente, debemos aludir al capitán de la Armada Policarpo Toro, quien en 1887 inició gestiones para incorporar esta posesión insular al territorio de Chile. La población local era mínima, pero aun así, se firmaron dos documentos: Acta de Cesión y Acta de Proclamación, conocidos en conjunto como el Acuerdo de Voluntades, de 1888. Estimo que audaz iniciativa del capitán Toro fue casi "un golpe suerte", ante la no oposición de otros países vinculados, y que ya conocían bien ese territorio, como el vecino Perú limítrofe, o algunos europeos, pero que no demostraron un mayor interés concreto territorial posesivo.
Bailes, costumbres, cultura, esculturas monolíticas (moáis), festividades, gastronomía, idioma, idiosincrasia, tratamiento interpersonal y vestuarios son propios de Rapa Nui: legítimo pueblo originario polinésico. Azar histórico lo vinculó con Chile, pero sí, "lo que corresponde, que es que ustedes sean los dueños y señores de su propio destino". Independentismo florecerá, y autodeterminación llegará. La embajadora Manahi Pakarati, única diplomática rapa nui, debiera ser confirmada en su cargo hasta el 10 de marzo de 2026.
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