El reloj no se detiene, sobre todo cuando el mandato constitucional que dura el periodo presidencial son sólo 4 años, el tiempo pasa volando. Por eso, en pocos días más, el Presidente Boric termina su mandato.
Sin embargo, intensas giras en regiones como Aysén, Antofagasta y el Maule, también en Isla de Pascua e inaugurando el año escolar en Isla Juan Fernández, así como, su activa presencia en el Biobío y Ñuble en el apoyo a las familias que sufrieron los efectos terribles de los incendios forestales permiten observar al Presidente liderando el Estado que, aunque tiene dificultades por las inclemencias del cambio climático, es el que llega con su responsabilidad hasta el último rincón del territorio nacional.
Detractores no faltan, hubo augurios funestos, muchos especularon y atizaron con un estéril quiebre generacional, otros pretendieron agregarle antojadizamente el inmenso costo de arrastre, humano y material, que significó la pandemia del COVID y la inestabilidad económica y social proveniente del periodo anterior, omitiendo que este gobierno recibió un déficit fiscal abultado, tuvo que controlar la inflación y retomó un ciclo de crecimiento moderado difícil de alcanzar en medio de las dificultades existentes.
Asimismo, la reforma de pensiones y el copago cero en Fonosa, en medio de restricciones económicas severas, mostraron una voluntad social inquebrantable desde el inicio del gobierno, misma que la derecha descalificaba mofándose por razones generacionales del nuevo equipo instalado en La Moneda. La objetividad indica que solo reducir la pobreza en 600.000 personas es un logro sobresaliente para la cohesión social y la estabilidad del país, pero la mezquindad política enceguece a muchos sectores del escenario nacional.
La responsabilidad con la gobernabilidad democrática fue determinante para la gestión del Presidente Boric, incluso postergando objetivos de alto impacto o gran visibilidad social. Tienen mala memoria ciertos grandes controladores de grupos financieros cuyas gigantescas utilidades fueron inesperadas para sus propios cálculos, pero que retiran sus empresas matrices al exterior y desconocen el esfuerzo del gobierno.
Además, algunos grandes inversionistas no repararon en vergonzosos actos de corrupción que han dañado la autoridad del sistema judicial como nunca. Una tarea esencial del Presidente ha sido bregar para que la institucionalidad sea respetada y no termine desplomándose por el afán de utilidades que expresan solo codicia e inescrupulosidad.
La derecha ultraconservadora desplazó a la derecha tradicional en la conducción del núcleo de poder dominante, de modo que difícilmente puede esperarse una crítica constructiva o de mínima objetividad, pero tampoco de los Partidos UDI o RN, que han asumido la retórica confrontacional de los liderazgos extremistas que hegemonizan las posiciones del bloque que asumirá el gobierno en Marzo próximo. En rigor, se trata de una voluntad política intolerante e intransigente.
La gestión de Boric tuvo errores y carencias. Desde que asumió la Presidencia fue una gestión difícil que conllevaba desafíos inéditos que el recién asumido mandatario debió encarar con altura de miras y sentido de Estado. Lo primero que supo asumir es que no todas las metas o propósitos pueden hacerse simultáneamente.
Entre otras severas dificultades estuvo la instalación de Donald Trump y su redoblada voluntad de dominación imperial hacia América Latina, una reedición de la "Doctrina Monroe", dispuesta a cercenar la soberanía de nuestras naciones y atropellar el derecho internacional para imponer brutalmente sus intereses.
Por eso, en el ámbito del sectarismo de izquierda, como el caso de Hugo Gutiérrez y otros que han atacado al Presidente, hay kamikazes cuyas voces descargan sus frustraciones ante las limitaciones que tuvo la gobernabilidad democrática para avanzar más rápido y ofrecer mejores condiciones de vida al país. Confunden la posibilidades objetivas con sus resentimientos personales. Querer hacerlo todo, a gusto del voluntarismo maximalista era inviable completamente.
Un giro desfavorable en la correlación de fuerzas bloqueó a la centroizquierda e izquierda en favor de una opción regresiva, ultraconservadora. El primer proceso constituyente, concluido en el Plebiscito de Septiembre del 2022, fue un duro golpe a las expectativas del gobierno. Un mayor peso transitorio de ideas anarquizantes y de ultra izquierda puso un sello disociado de la realidad en los debates y contenidos que convirtió la mayoría en minoría haciéndolo fracasar. El resultado fue una derrota total.
En ese escenario, voces de ultra izquierda que mantenían presencia mediática nunca propusieron medidas o vías alternativas, mucho menos una Carta de Navegación para orientarse en medio de las dificultades. Ahora esas posiciones altisonantes se vuelven sobre el Presidente Boric, pero, desde el sectarismo no se resuelve nada. Intentar resultados imposibles fue el error determinante en la derrota del primer proceso constituyente y le facilitó a la opción ultraconservadora una victoria histórica.
En suma, Gabriel Boric asumió la Presidencia de la República en un periodo delicado para Chile. No hizo milagros, pero aseguró con creces la gobernabilidad democrática. Se comenta si su gestión cierra o no un ciclo histórico, el tiempo lo dirá. La historia se forma a través de hechos sucesivos, aunque sean contradictorios entre sí, por eso, no es una línea recta sino que un resultado complejo, zigzagueante, contradictorio...
El fascismo pinochetista quiso borrar a sangre y fuego las realizaciones y la huella de "la vía chilena al socialismo", el proyecto país que fue su antagónico, pero, ese legado no pudo ser borrado y alcanzó dimensión universal. La transición -con sus debilidades- repuso el régimen democrático en Chile. La idea de la "democracia protegida" fue inviable. Luego de varias décadas, Boric también es parte de ese largo proceso histórico al que aportó avances importantes que se reflejarán en el futuro.
Ante retos estructurales estratégicos, en particular, responder a una inestable situación social, política y económica con una estrategia de poder que fortaleciera la gobernabilidad democrática y evitara una escalada de desgobierno, el Presidente Boric salió adelante, cerrando espacios a la ultra desestabilizadora y desmintiendo funestos augurios catastrofistas. Bien por Chile.
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