"Cuando llega la noche, el corazón se arruga y las lágrimas salen". Con esas palabras, el padre Daniel Acosta describió a la delegación de Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN), que por estos días recorre las zonas más afectadas por el terremoto en Venezuela, lo que viven quienes acompañan esta tragedia desde el primer momento. Durante el día, sacerdotes, religiosas y voluntarios sostienen a quienes han perdido familiares, hogares y fuentes de trabajo. Pero cuando cae la noche y el silencio reemplaza la urgencia, aparece también su propio dolor.
La emergencia aún no termina. Los equipos de rescate continúan buscando a quienes permanecen bajo los escombros. Cada jornada aparecen nuevas víctimas y nuevas historias que estremecen.
En la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, en Caraballeda, un sencillo cartel escrito a mano divide los nombres en tres listas: fallecidos, desaparecidos y rescatados. Junto al altar descansan pequeñas urnas de madera con las cenizas de personas recuperadas en los últimos días. Ahí llegan familias enteras buscando consuelo. Es una escena que resume el profundo duelo que vive hoy Venezuela.
Ya se vislumbra el enorme desafío que viene. Porque cuando concluyan las labores de rescate comenzará una reconstrucción mucho más compleja que levantar edificios o reparar carreteras. Habrá que reconstruir la vida de miles de personas.
La delegación de ACN viajó a Venezuela para conocer de primera fuente la magnitud de la tragedia. Lo que encontramos confirma que detrás de cada edificio derrumbado hay historias de familias quebradas, comunidades profundamente heridas y personas que necesitarán mucho más que ayuda material para volver a empezar.
Como ha señalado el arzobispo de Caracas, monseñor Raúl Biord, la prioridad ahora es "reconstruir vidas". Difícil encontrar una expresión más precisa para describir el desafío que enfrenta hoy el país.
Desde el primer día, las parroquias y comunidades religiosas abrieron sus puertas para convertirse en centros de acogida y distribución de ayuda. A su alrededor hay cientos de voluntarios que, además de entregar alimentos y artículos de primera necesidad, acompañan a quienes buscan a sus seres queridos y permanecen junto a quienes simplemente necesitan no sentirse solos.
Uno de los sacerdotes relató que pasó 12 horas acompañando a un matrimonio mientras los rescatistas intentaban recuperar los cuerpos de sus dos hijos, de 23 y 16 años. Sabían que ya no estaban con vida, pero querían que el sacerdote estuviera ahí para rezar por ellos antes de la despedida. Apenas terminó ese responso recibió otra llamada para ir a otro edificio, donde otra familia esperaba exactamente lo mismo. Así transcurren los días de muchos sacerdotes y religiosas en Venezuela.
Y, sin embargo, en medio de tanto dolor también aparecen gestos que devuelven la esperanza. En Petare, uno de los sectores más pobres de Caracas, dos hombres que viven reparando zapatos usados decidieron donar los 50 pares que habían preparado para vender. Era el sustento de sus familias. El obispo de la diócesis resumió ese gesto con esta frase: "Los que no tienen nada, lo dan todo".
Esa misma solidaridad ha encontrado eco en Chile. La respuesta a la campaña de emergencia impulsada por ACN ha sido extraordinariamente generosa. Parroquias, colegios, comunidades y organizaciones de la sociedad civil, también han tendido su mano a un pueblo que hoy enfrenta una de las mayores tragedias de su historia reciente. Es una respuesta que confirma que la solidaridad no conoce fronteras y que, cuando el dolor golpea con fuerza, siempre hay personas dispuestas a hacerse presentes.
Vivimos en un mundo donde la atención pública cambia rápidamente foco. Pero el dolor no desaparece cuando deja de ocupar los titulares. Cuando concluyan las labores de rescate y la atención internacional se dirija hacia otras emergencias, la iglesia seguirá celebrando funerales, escuchando a quienes han perdido seres queridos, acompañando a los niños que quedaron huérfanos, sosteniendo a quienes ya no tienen trabajo ni hogar, y ayudando a reconstruir comunidades enteras. Esa es su misión.