Grandes eventos ¿cuánto vale el show?

Mucha polémica ha causado en Chile la próxima venida del Papa. No porque su visita sea controversial, sino por lo costoso que resulta traerlo y la forma que se está usando para financiar su venida. ¿Está bien pedirle plata a la gente para la venida del Papa?, ¿es lógico gastarse miles de millones de pesos en este tipo de visitas? Este no es el único caso. Festivales, recitales de figuras mundiales, charlas de súper mentes brillantes, etc. Todo en cifras desorbitantes.

La típica pregunta es, ¿cómo va a cobrar tanto por cantar sólo 1 hora? La intuición dice que este gasto es exagerado, pero si hilamos más fino vemos que no es tan así. Para seguir con el ejemplo de la música, cada artista gasta fortunas en armar el show, ensayos, coreografías, maquillaje, equipo de apoyo, vestuarios, asesores que lo acompañan, etc., etc.

Por lo demás, ¿si ese valor cobrado a su vez genera ingresos mayores a los costos involucrados, puede llamarse caro? Quizás es una pregunta muy filosófica, o poco medible a priori. Pero el solo hecho de que los fans o empresas estén dispuestos a invertir en la venida de estas figuras significa que quizás el precio es justo o incluso en algunos casos, barato.

Una vez me llamaron de una radio para preguntarme si era excesivo que Usain Bolt le cobrara unos cuantos cientos de millones a una marca deportiva por traerlo a Chile. Mi respuesta fue enfática, “¿cuánto va a generar esta misma marca en ruido en prensa?” Seguramente mucho más. Además, el impacto de los que visiten a Bolt en algún evento o taller de running sería tremendo. Todo eso debe sumarse al valor generado, junto con el valor económico de las entradas en el caso de venderse.

Por otro lado, los costos de producir estos grandes espectáculos son gigantes: movilizar al recurso humano, los materiales, las horas hombre montando y desmontando, la seguridad, prevención de riesgo, el talento humano de la puesta en escena, pantallas, audio, luces, derechos de autor, gráficas, vallas papales. Y suma y sigue.

No olvidar los imponderables. ¿Qué pasa si llueve?, ¿temblor?, ¿o cualquier contingencia? Si se enferma el artista, hay que tener el plan alternativo. ¿Y toda la preproducción del evento?

En nuestra experiencia, para el sorteo de la Copa América, no sólo era primera vez que se encarpaba la Quinta Vergara, sino que además de las exigencias de la producción misma, había que hacerlo durar una hora por reloj, incluyendo el discurso de la Presidenta de la Republica que a priori no había cómo estimar cuanto duraría. Todo para cumplir con los requisitos de más de 20 países que estaban transmitiendo en vivo.

En los Juegos Deportivos de la Juventud que acabamos de producir, la misma cosa. Que nos pasan el Estadio Nacional una semana antes, que al final no porque hay un partido impostergable, que hay pronóstico de lluvia para la hora del evento, que la seguridad es vital. Además, hay que coordinar el desfile de más de 4.000 deportistas, que sigan las instrucciones, revisar todos los instructivos y requisitos de la Intendencia y de Presidencia.

Con lo anterior, no quiero defender los altos precios de las entradas, ni estoy a favor de hacer una colecta nacional o usar fondos del gobierno para que venga el Papa. Lo único que quiero exponer, es que no siempre pensamos en cuáles son todos los beneficios que causan estas visitas, ni tampoco evaluamos al 100% todos los costos relacionados.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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