¿Quién llora por las injusticias?

Tras la tensión por la final de la Copa Confederaciones que se disputó en la Federación Rusa, campeonato entendido como la previa del Mundial y que coincidió con la celebración de las Primarias Legales que utilizaron las coaliciones Frente Amplio y Chile Vamos para definir sus candidatos únicos a la presidencia, un hecho, no menor, fue la clave de ese día domingo 2 de julio.

Un error futbolístico visibilizó a un ciudadano que se ha caracterizado por su temple fuera y dentro de la cancha, transmitiendo confianza transversal desde sus compañeros, hasta a los comentaristas deportivos y público en general. Su calidad técnica y profesionalismo dieron paso a las lágrimas que reflejaron  tristeza, frustración y desazón vía televisión. Seguramente, en la intimidad, aún emanan.

Es contradictorio, cómo por medio de un error, la grandeza de Marcelo Díaz, este vecino de la comuna de Padre Hurtado, hijo ilustre de la misma, se proyecta modélicamente para un amplio segmento de jóvenes provenientes de esa patria popular.

Desde el otro lado de la moneda invita a explorar valores liberadores que parecieran contribuir a una patria más justa y equitativa, donde valores como la igualdad, la libertad, la tolerancia y solidaridad debiesen ser una y otra vez relevados.

Marcelo Díaz, se equivocó, lloró y prometió seguir y mejorar para brindarle a Chile más alegría. Pero, ¿quién llora por los niños del SENAME?

¿O por el por los vecinos de la comuna de sacrificio ambiental de Til Til en la Región Metropolitana?

¿O quien llora por las exiguas pensiones que permite el modelo de las AFPs? Además  de los pensionados, por supuesto. Seguir describiendo hechos que tienen responsables concretos, sean individuales o colectivos y con historicidad, es una acción temeraria, porque son muchos.

Claramente, y en justicia, alguien podrá indicar que la contradicción que se presenta no corresponde y posiblemente tengan razón, ya que los ámbitos son distintos y no homologables para la comparación.

Pero sí hay algo que es muy rescatable desde el talante de este jugador de fútbol e hijo ilustre de la comuna de Padre Hurtado: la valentía de reconocer culpa, cuestión tan difícil de encontrar en nuestros sistemas políticos y sociales. Acá los mecanismos que se crean para determinar las funciones a los grupos de interés, dan cuenta del sustrato moral y ético en el cual se opera. Nadie reconoce culpa por las muertes de los niños en SENAME, lo mismo con las injusticias ambientales y las pensiones de hambre que ofrecen las AFPs.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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