El futuro ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, en relación con lo que viene en materia urbana y de construcción en el próximo gobierno, señaló: "Vamos a montarnos sobre el sistema de facilitación de permisos para, directamente, eliminar permisos. Aquí hay permisos que deben ser eliminados, y no los menos". Hasta ahí uno puede estar de acuerdo con lo que plantea el futuro ministro, tenemos absurdos administrativos presentes en nuestro país que asombran, basta con ver la cantidad de recursos que se destina por ejemplo en el rescate de basura arqueológica en la construcción de vivienda social, con los miles de millones de pesos que se destinan al rescate de dichos restos que terminan guardados en containers, uno podría construir más viviendas para los más necesitados.
El problema surge cuando el futuro ministro señala que "vamos a generar una desregulación del sector urbanismo y construcción, liberalización del suelo que, en magnitud macroeconómica es parecida a la apertura del comercio internacional que vive Chile".
Acá hay que tener más cuidado, si con desregulación se refiere a eliminar la sobrerregulación del sector construcción, uno puede seguir estando de acuerdo, pero señalar que ya no va a haber regulación de la construcción, eso es un poco más complejo, no porque uno sea conservador a ese respecto, sino porque los efectos en las ciudades pueden muchas veces ser irreversibles, tenemos los guetos verticales en que la falla de una regulación necesaria generó esas aberraciones en nuestra ciudad, en que la calidad de vida de sus habitantes y del entorno se vio mermada.
Los conceptos de habitabilidad, seguridad y estabilidad de la vivienda no se deben perder de vista al momento de eliminar la sobrerregulación existente. La liberación de suelo debe también velar por que los habitantes estén en un lugar que puedan contar con infraestructura mínima para que puedan acceder a servicios, electricidad, agua potable y alcantarillado, por ejemplo y que para salir de sus viviendas no tengan que esperar dos horas para avanzar tres cuadras.
De que la norma urbana y de construcción necesita una actualización en que es necesario limpiar tantos parches que se le han puesto a lo largo del tiempo que muchas veces paraliza la inversión no es discutible, sino que, todo lo contrario, es indispensable. Pero si esta desregulación va a afectar la calidad de vida de los habitantes, la calidad de la construcción o el estándar urbano de nuestro país es mejor tomar el camino de agilizar los permisos eliminando trámites redundantes e innecesarios y reformulando instituciones como el consejo de monumentos nacionales, en que en lugar de ser una especie de consejo de ancianos en que uno debe hacer una peregrinación y esperar a que se alineen los astros para lograr una aprobación, ellos tengan un rol activo en el rescate arqueológico.
El diagnóstico respecto a la permisología no está equivocado, solo queda esperar a que la solución sea la adecuada, velando siempre por que el crecimiento económico no sea a costa de la calidad de vida de nuestros compatriotas.
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