En el marco del Día del Patrimonio Cultural, es fundamental reflexionar sobre la relación entre el desarrollo urbano y la protección de nuestros patrimonios, tanto materiales como inmateriales, junto con la importancia de la memoria colectiva de nuestras comunidades.
La ciudad es un organismo vivo que evoluciona constantemente. Cada modificación, ya sea por nuevas construcciones o remodelaciones, puede afectar la memoria y la identidad de sus habitantes. El patrimonio, en este sentido, actúa como un hilo conductor que nos conecta con nuestra historia y cultura. A través de esta memoria, podemos establecer puntos de encuentro y diálogo con nuestros vecinos, fomentando así una mayor cohesión social. Sin embargo, es crucial contar con acuerdos regulatorios del patrimonio.
En Chile, contamos con un marco regulatorio que protege el patrimonio. El Consejo de Monumentos Nacionales, dependiente del Ministerio de las Culturas, establece las Zonas Típicas y los Monumentos Históricos, mientras que, en la Ley y Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones, se definen los planes reguladores comunales como parte de los instrumentos de planificación territorial que permiten definir Inmuebles y Zonas de Conservación Histórica con sus respectivos expedientes.
Este conjunto de normativas es significativo, pues proporciona un sustento de protección del patrimonio urbano tanto a nivel nacional como comunal. Es crucial que, por ejemplo, al momento de establecer Zonas de Conservación Histórica, se reconozca también la importancia de las comunidades que habitan esos espacios. El patrimonio inmaterial, que incluye las tradiciones y costumbres de los grupos sociales, debe ser parte integral de cualquier proceso de declaración. Cuando las comunidades se sienten involucradas y valoradas, es más probable que se comprometan tanto con la preservación como con la gestión integral de su entorno.
En este último punto, es necesario adoptar una visión más prospectiva en la gestión del patrimonio que afecta un entorno urbano en sus distintas dimensiones. No basta con realizar un catastro de áreas e inmuebles importantes; debemos implementar acciones concretas que involucren a las comunidades, a los municipios y al Estado, con programas de inversión y participación social en las propuestas de declaratorias del patrimonio.
Habiendo transcurrido 16 años, la experiencia del terremoto y tsunami de 2010 en Chile es un claro ejemplo de cómo la falta de preparación y gestión integral del patrimonio urbano puede tener consecuencias adversas. En la ciudad de Talca, cerca del 70% del centro histórico fue destruido. Esto no solo significó la pérdida de viviendas, sino también la disolución de un patrimonio y tejido social que había sido parte de la identidad de la ciudad y que no pudo mantenerse en sus entornos originales.
Otro aspecto crítico es la diversidad geográfica de Chile y cómo esta modela nuestro patrimonio. Desde viviendas en pendiente en los cerros de Valparaíso hasta palafitos en Chiloé, cada tipología arquitectónica responde a particularidades territoriales que debemos cuidar y proteger. Es por ello que se requiere de una gestión del patrimonio urbano innovadora, junto con un registro pormenorizado tanto de las condiciones estructurales de edificaciones como de las familias que habitan allí. Esto implica un enfoque más holístico, que considere cómo proteger y preservar nuestras edificaciones y, al mismo tiempo, cuidar a las comunidades que habitan en ellas.
En este contexto, el Día del Patrimonio Cultural debe ser más que una celebración; debe ser un llamado a la acción integral. La conservación de nuestro patrimonio, tanto material como inmaterial, es responsabilidad de todos los actores urbanos. Por ello, es esencial que la relación entre desarrollo urbano y patrimonio se institucionalice en políticas públicas efectivas y acordes al siglo presente. Nuestras ciudades no sólo deben ser espacios de desarrollo, sino también lugares que honran y resguardan nuestra historia y cultura, en donde el patrimonio sea un proceso vivido, protegido y celebrado por todas las generaciones.