Bioinsumos: una ruta para la sostenibilidad agrícola

Al analizar el impacto del cambio climático en los sectores productivos, no cabe duda que uno de los más afectados es el agropecuario y forestal. A ello se suman las crecientes demandas de sustentabilidad, que provienen tanto de la sociedad, de nuevas regulaciones y, especialmente, de los mercados de destino de nuestra producción agrícola.

En este escenario, la producción de bioinsumos es una herramienta clave para avanzar hacia una agricultura más equilibrada y resiliente. Es un sector que se proyecta un crecimiento a 2023 entorno al 15% a nivel mundial y, más que una alternativa a los insumos químicos tradicionales, representan un cambio de paradigma al integrar procesos de control biológico al quehacer agrícola, reduciendo impactos ambientales y fortaleciendo el funcionamiento de los ecosistemas.

El Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) ha desarrollado por décadas investigación aplicada en control biológico y, recientemente, ha inaugurado una planta de bioprocesos en INIA La Platina, con capacidad para producir 100 mil dosis anuales de bioplaguicidas y bioestimulantes, además de 5 mil dosis para exportación.

Esta nueva infraestructura fortalece la posibilidad de escalar soluciones científicas hechas en Chile hacia el sector productivo, particularmente la fruticultura de exportación sometida a nuevas condiciones de inocuidad, donde la baja en el uso de agroquímicos es determinante para abrirse a nuevas fronteras comerciales.

En la transferencia de este tipo de conocimiento, hemos sido capaces de licencias moléculas generadas por nuestros investigadores y contar con experiencias exitosas de control biológico en frutales tropicales, como el plátano, y en especies estratégicas como el avellano, el cerezo y en el control de la mosca de la fruta.

Considerando lo anterior, avanzar hacia una agricultura sostenible demanda el uso de tecnologías que, en primer lugar, permitan desarrollar soluciones en el menor tiempo posible, y bajo lógicas de inocuidad; segundo, que protejan la biodiversidad y; por último pero no menos importante, que fortalezcan la cadena agroalimentaria a futuro. El desarrollo estratégico de bioinsumos es, en esa dirección, una apuesta a la sostenibilidad y a la competitividad de la agricultura chilena, en mercados cada vez más exigentes.

Latinoamérica se está posicionando como uno de los grandes propulsores del desarrollo de bioproductos y Chile debe estar presente en esa discusión, a través de las capacidades científicas e institucionales que posee, articulando políticas públicas y transfiriendo conocimiento técnico hacia el sector productivo, para que estos esfuerzos se traduzca en desarrollo económico para el país.

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