Voy & vuelvo

Nicanor, pensó que su paseo eterno sería de paz y concordia. Craso error, si volviera desde donde nadie retorna,  lloraría de amargura, ese dolor infinito, causado por su entorno familiar quienes se disputan su despojos, como carroñas hambrientas.

Antes de partir, ya estaba probando el cáliz de la amargura, Al conocer consciente que sus escritos y cuadernos, eran sustraídos por manos anónimas con el vil propósito de venderlos al mejor postor.

“El hombre imaginario”, jamás supuso, que los de su propia sangre solo esperaban su muerte para repartirse, lo que por obviedad tenía que quedar imaginativamente para ellos, según el testamento modificado en el  último minuto de su existencia

El con su anti poesía se rió de sí mismo, y del mundo, ahora gozan, “pa callao” los que calculan sacar suculentos dividendos del patrimonio cultural que nos legó. Quiso convertir la poesía, en algo más sublime, le fue imposible, un simple  testamento, la convirtió mercadería barata transable en la bolsa sin razón ni corazón.

Violeta su suicida hermana lo sabe muy bien,  Nicanor, no quiso asumir,  que la codicia, es la ironía que nos depara la muerte.

Dejan  de existir ambos, pero el legado poético adquiere un  valor incalculable, debe estar recriminándole, una y otra vez, con  guitarra en mano, interpretando “la cueca larga”, tan larga como sus 103 años de creativa y azarosa  vida.

Nada aprendiste Nicanor, de lo que me pasó a mí con mis canciones, guitarreos y arpilleras, se vendieron a vil precio, cayeron en manos de quienes con el negocio de las  armas,  se enriquecieron pretendiendo así lavar su sucia y ensangrentada  conciencia.

La casa en la Cruces, su última residencia, ya no es la misma. Un alma vaga sola  triste, llorosa.  Desde lejos escuchamos, como las olas del mar, golpean una y otra vez, los roqueríos  circundantes. En medio del patio, un féretro espera impaciente, que alguien libere, al personaje que aun no termina su obra culmine: “seguir existiendo para siempre y por siempre”

El litoral de los poetas, se llena de tumbas caseras, Pablo Neruda en Isla Negra, junto a su Matilde, Vicente Huidobro en su relegada casa de Cartagena, dispuso que se le sepultara de pie, para seguir contemplando el mar. Nicanor Parra no quiso ser menos, inmortalizó, el lugar que escogió, para crear y procrear tanta belleza junta.

Fue un poeta increíble, recibió los máximos elogios y galardones, se codeó con la “crem de la crem “. En el difícil y celoso mundo de la creatividad poética, impuso su propio original género, aunque paradojalmente su profesión como profesor, fue las ciencias exactas, las matemáticas y la física.

Lo postularon  tres veces al premio Nobel, este premio le fue esquivo, el mundo se lo perdió. Chile ganó una vez más, Gabriela Mistral, lo reconoció como un joven prometedor, Neruda celebró muchas veces  su sarcasmo y humor. La juventud universitaria llenaba los auditorios, solo para escucharlo, solo para verlo, solo para admirarlo.

Cuando vuelva, si lo dejan descansar en  paz, recorrerá las calles de San Antonio, en busca de restaurant, “El Checo” para saborear las ricas cazuela que le preparara la dueña, igual a la mano de su madre, decía una y otra vez, bebiendo una caña de pipeño.

Sin duda lo que le atraía era contactarse con el pueblo, acercarse al prostíbulo “Luces del Puerto” donde su hermano Roberto, enamorado de una “puta” compuso la obra “La Negra Ester”  una obra en décimas ,que no tiene paragón por su originalidad.

Cantó y bailó las cuecas, que su hermanos compusieron, como lindo legado de nuestras tradiciones, alabando la música chilena, hasta los últimos días de su vida.

Voy y vuelvo, desde el más allá. Pareciera que lo esperamos aparecer  con su infaltable sombrero y su destartalado “escarabajo”.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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