El 20 de enero, Donald Trump festejó el primer aniversario de su nuevo periodo presidencial encabezando el gobierno de los Estados Unidos. Los hechos puntuales que se pueden comentar son infinitos, pero hay un impacto y un resultado primordial que ningún protagonista podría desconocer: la incertidumbre se apoderó de la situación internacional. No se trata de una cuestión solo de palabras, Trump -rompiendo cualquier de los índices preexistentes a su gobierno- ha sembrado una crisis en el orden mundial, reclamado brutalmente por demandas o requerimientos, particularmente, subir aranceles arbitrariamente y otros abusos de la más variada índole, que desestabilizaron el sistema global haciendo añicos los equilibrios existentes y arrojado el mundo a un estado de incertidumbre sin precedentes.
A pesar de su inocultable anhelo de verse galardonado con el Premio Nobel de la Paz, argumentando haber resuelto a lo menos 6 guerras en diversas regiones, Trump ha promovido el aplastamiento del pueblo palestino en Gaza, atacó directamente a Irán, agredió a Venezuela, secuestro a Nicolás Maduro y actúa como si ese país soberano fuera una colonia que le pertenece; también proclamó a un alto costo y sin éxito su decisión de anexar Groenlandia a los Estados Unidos, pretende intervenir militarmente en Cuba, se enfrentó rudamente con Canadá y Colombia, presiona y enfrenta a México y Brasil, y llevó las relaciones con China a su peor momento desde que se restablecieron hace 50 años y fracturó el entendimiento con Europa también llegando a un deterioro totalmente imprevisto, vaticinándole a quienes son sus aliados un escenario de fatal deterioro en el próximo tiempo.
En particular, ha reeditado la peor versión de la "Doctrina Monroe", una visión injerencista, inaceptable, de América Latina como un grupo de países enteramente subalternos a la gran potencia hegemónica, como considera a los Estados Unidos.
Asimismo, exasperó y quebró la convivencia dentro de los Estados Unidos con la persecución a los migrantes, generó una fuerza estatal de choque, agresiva y confrontacional que protagonizó acciones deleznables, incluidos el crimen de manifestantes que agravaron aún más la situación interna en los Estados Unidos.
Su manía por el protagonismo mediático conlleva su aparición permanente en las grandes cadenas televisivas amenazando, presionando, atacando, insultando e incluso burlándose de los mandatarios de países aliados, como Emanuel Macron, haciendo públicas conversaciones privadas, en lugar de mantener el mínimo respeto hacia ellos.
En definitiva, provoca, alimenta e incentiva la incertidumbre, haciendo imprevisible el desarrollo posterior de la situación internacional. Incluso en el caso de Venezuela, en que Trump parecía aceptar el gobierno de Delcy Rodríguez, pero tanto él como su secretario de Estado pasan del entendimiento a las amenazas con una velocidad desconcertante.
En suma, la administración norteamericana con su arsenal nuclear y su injerencia política y económica promueve con su conducta una completa incertidumbre respecto del futuro de la humanidad. Su afición por movilizar sus flotas aéreas, portaaviones, destructores y otros potentes medios militares desde el Caribe donde pretenden ahogar a Cuba y de ahí al Mediterráneo, y luego a las inmediaciones de Irán donde mantienen una tensión permanente que incomoda a sus propios aliados cercanos como es Arabia Saudita.
El control y reparto del mundo aparece como su único interés y el petróleo su gran ídolo. Así como, desea ser aplaudido y exaltado como Kim Jon Un, el líder de Corea del Norte. La gobernabilidad democrática no es su tema y mucho menos una perspectiva a largo plazo de respeto y entendimiento capaz de resolver la inestabilidad global. En ese contexto, lo que parece ser el rasgo principal del próximo periodo seguirá siendo la incertidumbre ante el descontrol de Trump. El narcisismo maligno se tomó la conducción del sistema.
Chile no puede ser parte de esa conducta confrontacional, irresponsable y guerrerista. Hay valores superiores que nos distinguen como nación. Debemos ser capaces de persistir. Nuestra soberanía e independencia así lo exigen.
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