Coescrita con Annelore Hoffens Wenzel, Programa Austral Patagonia - Universidad Austral
La biodiversidad es el principal patrimonio de un país: garantiza su equilibrio ecológico y es la base de su identidad cultural, actividad productiva y desarrollo. Sin embargo, a nivel mundial la pérdida de biodiversidad sigue siendo tema central de preocupación, con cifras tan alarmantes como aquella que indica que un millón de especies están en peligro de extinción, o que las poblaciones de cinco mil especies de mamíferos, aves, peces y anfibios han decrecido 73% entre 1970 y 2020 (según indica ONU y WWF). En Chile el escenario no es diferente pues, según cifras del Ministerio de Medio Ambiente, de un total de 1.546 especies evaluadas, 62% se encuentran bajo amenaza.
Por eso hoy, cuando el mundo entero celebra el Día Mundial de la Diversidad Biológica, además de mirar y valorar las imágenes hermosas que suelen circular por las redes sociales, es importante detenernos a reflexionar sobre lo que estamos haciendo como sociedad, y como país, para asegurar la protección y conservación de la biodiversidad en el tiempo.
En ese sentido sabemos que Chile actualmente está dando un paso de enorme importancia con la implementación de su Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) y con el pronto traspaso de las áreas protegidas del país a esta entidad, para conformar el Sistema nacional de Áreas Protegidas (SNAP).
Por fin las áreas protegidas del país, todas ellas, quedarán bajo la tutela de solamente un organismo, y no diseminadas en varios de ellos como ocurría hasta ahora. Esto es determinante a la hora de hablar de conservación de biodiversidad, porque las áreas protegidas son la herramienta más validada a nivel mundial para garantizar la protección y conservación de ecosistemas y su diversidad de especies, así como el bienestar de sus habitantes. Además, canalizar la administración de las áreas protegidas del país en una sola entidad, facilita -en teoría- mejorar su gestión, disminuyendo las brechas históricas de esa tarea. Nos referimos a brechas como la planificación, la participación, el monitoreo de resultados de conservación, la capacitación de personal y funcionarios de las áreas protegidas, entre otros aspectos esenciales de la buena gestión con los que deben contar las áreas protegidas para servir a su propósito de creación: la conservación de los valores naturales y, en algunos casos, culturales del área.
Son desafíos enormes para un país que cuenta con 23% de su superficie terrestre y 42% de su maritorio bajo resguardo de áreas protegidas; un país que entre 2016 y 2025 redujo en 37% la asignación de presupuesto estatal por hectárea protegida (según informe de Fundación Terram de octubre de 2025); y que debe cumplir con compromisos internacionales como la meta 30x30 del Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal. Esta meta demanda la conservación efectiva del 30% de la biodiversidad de los países, a través -justamente- de herramientas como las áreas protegidas efectivamente gestionadas.
La biodiversidad y los ecosistemas que la sustentan, determinan el potencial de desarrollo de un país en diversos -sino todos- los ámbitos. Basta con recordar que los ecosistemas y su biodiversidad proveen el agua dulce, alimento y materias primas que necesitamos para sobrevivir, pero además regulan el ciclo hídrico, controlan la erosión de los suelos, purifican el agua contaminada y tantos otros servicios básicos y fundamentales para el bienestar y desarrollo de las comunidades. Por eso, si bien ahora es el SBAP quien canaliza los esfuerzos dirigidos a la conservación de la biodiversidad, lo cierto es que estamos ante un desafío país que trasciende a una sola institución y que debe involucrar a diversos estamentos públicos, a la ciencia, el sector empresarial, las comunidades locales, la sociedad civil y la academia.
Desde el Programa Austral Patagonia de la Universidad Austral de Chile seguiremos aportando a ello a través del fortalecimiento de la gestión efectiva de las áreas protegidas y del resguardo de ecosistemas clave -como ríos, humedales, glaciares- que están fuera de ellas. Ponemos a disposición nuestra capacidad de investigación, generación y transferencia de conocimiento, así como de articulación de actores en torno a este objetivo país porque, como afirmó hace un tiempo el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, "la biodiversidad es la base de la vida y la piedra angular del desarrollo sostenible" y hoy, más que nunca, es necesario entender la magnitud de esa declaración.