Gracias al saliente gobierno, nuestros impuestos financiarán un aporte "humanitario" a Cuba. No por haber sido la isla asolada por un terremoto, por un huracán o por una hambruna, sino por haber sido arruinada económica y socialmente por una tiranía asesina que la subyuga desde hace 67 años en un proyecto de fracasada revolución y su legado de empobrecimiento, miseria y represión.
Cuando la tiranía cubana colapsa, esta vez en forma de apagones perpetuos, colas interminables por comida y emigración masiva, usa el comodín del "bloqueo" de Estados Unidos. Dicho romántico discurso suele ser replicado por los comunistas chilenos, y recogido irreflexivamente por el resto de la izquierda nacional. Los datos duros, no las consignas repetidas por Granma o por El Siglo, dicen otra cosa.
No existe ni un cerco naval ni una prohibición total de comercio a la isla: Estados Unidos, el país que "bloquea" a Cuba, es su sexto proveedor mundial, por encima en algunos rubros que España o México: así, Cuba le compra más pollo a Florida que a Brasil. Desde hace 25 años la Ley TSRA les permite comprar alimentos y medicinas de EE.UU. sin restricciones. Como resultado, en 2025, La Habana compró US$350 millones en pollo, huevos, cerdo y productos sanitarios a su supuesto verdugo.
También es falso que Cuba está aislada comercialmente: accede libremente a mercados globales. El embargo de EE.UU., que correspondería al 4% del comercio mundial potencial, no explica el déficit crónico ni la pobreza cubana. Cuba ha comerciado libremente con 194 países, sin sanción alguna. Venezuela (US$3.100 millones en 2018), China (US$2.990 millones), España (US$1.390 millones) han sido sus socios prioritarios. Canadá, México, Brasil, Rusia y la Unión Europea envían petróleo, maquinaria y bienes sin problema. ¿Conclusión? Un déficit comercial de US$9.000 millones anuales, no por aislamiento sino por políticas que han generado una deuda impagable de entre US$18 a 21.000 millones, cerca del 35% del PIB.
La crisis es la hija no reconocida del castrismo, de nadie más. Antes de 1959, Cuba era una de las economías más prósperas de Latinoamérica. Los reyes mundiales del azúcar tenían un PIB per cápita superior a España o Italia y un turismo floreciente. Tras la revolución, el comunismo destruyó aquello en una década: expropiaciones masivas, fincas colectivizadas fallidas, huida de capital. Ya en 1989, Cuba era 55% más pobre que sin socialismo, y el colapso soviético -no el embargo- agravó la crisis, pues quitó US$6.000 millones anuales en subsidios. Por algo los cubanos votan con los pies: cerca del 25% de su población en el extranjero y con 500.000 emigrados en 2022-2025.
La donación que el Gobierno hace a la tiranía, con plata de todos los chilenos, obvia que el culpable de la crisis es un régimen asesino, con 11.000 presos políticos, con una infraestructura podrida, con el 60% del país sin luz, y medianas y pequeñas empresas asfixiadas. El "bloqueo", falsa excusa, solo sirve para victimizar a los tiranos, sacar del eje de la discusión las múltiples violaciones de derechos humanos cometidas por su dictadura, y distraernos de sus actos de corrupción.
Este gobierno, en sus postrimerías, entregará la mayor donación humanitaria documentada a catástrofe alguna en la historia chilena, un millón de dólares. Este indignante, estúpido e inmoral subsidio a una tiranía asesina debe movilizarnos a quienes no somos comunistas para conseguir lo que de verdad requiere el pueblo cubano: elecciones libres y el fin de la dictadura castrista. Pero a la vez, nos fuerza a promover una exhaustiva rendición de cuentas: no vaya a ser cosa que algunos de estos dólares se pierdan en el camino y terminen llegando a las cuentas de algún "compañero" afortunado...
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