Gracias

Gran parte de los jóvenes de hoy aún no nacían cuando Patricio Aylwin llegó a La Moneda, muchos nacieron y han crecido toda su vida en un país democrático, libre, sin miedo y lleno de futuro.

Pero el país que gobernó Patricio Aylwin fue otro, durante estos días hemos leído más de un crítica a su actuar, críticas que no logran dimensionar el enorme desafío de tomar las riendas de un país luego de 17 años de dictadura, y  además hacerlo con Pinochet como Comandante en Jefe del Ejército.

Pero Aylwin no se dejó amedrentar y siguió adelante, promoviendo garantías y derechos que hoy damos por sentado, construyendo instituciones que hoy nos parecen obvias, gran parte de los servicios públicos que hoy existen fueron diseñados y creados durante su gestión, incluido el Instituto Nacional de la Juventud.

Yo tenía apenas 6 años cuando Patricio Aylwin recibió la banda presidencial, pero a pesar de mi corta edad aún tengo la imagen grabada de ese día, en ese momento no entendía mucho la alegría ni la emoción de mi familia por lo que transmitía la televisión, hoy entiendo y comparto esa emoción al despedirlo.

El triunfo de Patricio Aylwin no fue un triunfo solitario, no triunfó porque tenía una campaña multimillonaria detrás suyo, ni por un carisma de otro planeta o porque prometió más que el candidato de al lado. Aylwin triunfó por que lideró el grito de todo un país que quería volver a ser libre y democrático. Su triunfo fue el de todos, de los que lucharon en la calle, de los miles que votaron, de los que vibraron a través del televisor, incluso fue el triunfo de los niños que entonces poco entendíamos y hasta de los que aún no nacían, porque el Chile de hoy se empezó a construir con el triunfo del NO en el plebiscito de 1988 y con la llegada de Aylwin a La Moneda en 1990.

Así como cuando era un niño celebré su triunfo, hoy le he contado a mi hija Antonia de 7 años sobre el Presidente que nos deja, para que así, como yo no olvidé la imagen del día que asumió, mi hija tampoco olvide la imagen de todo un pueblo diciéndole adiós.

Así es como todos los gobernantes debieran irse, con una multitud alzando banderas y guardando respeto.

En días donde existen problemas de confianza, es admirable la prudencia y austeridad que siempre mantuvo Patricio Aylwin, un ejemplo para las nuevas generaciones que desean aventurarse en la política.

Los 1.460 días que Aylwin estuvo al mando del país no fueron días fáciles, la democracia aún no se terminaba de afianzar, el miedo no se iba y la amenaza parecía constante, pero a pesar de todo don Pato salió airoso y llevó a cabo una transición que pocas veces ha visto el mundo, porque nuestra democracia la recuperamos con el voto, con un lápiz y un papel, sin armas ni violencia, logrando acuerdos, conversando, pero también con justicia. Ese es el legado de Aylwin, es por eso que hoy le decimos gracias.

Desde Facebook:

Guía de uso: Este es un espacio de libertad y por ello te pedimos aprovecharlo, para que tu opinión forme parte del debate público que día a día se da en la red. Esperamos que tus comentarios se den en un ánimo de sana convivencia y respeto, y nos reservamos el derecho de eliminar el contenido que consideremos no apropiado