INDH: Lo bueno, lo malo y lo justo

Es de público conocimiento que el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) atraviesa hoy una profunda crisis de legitimidad. Cuestionado por informes ideologizados, por gastos millonarios y por una evidente desconexión con el ciudadano común, ha llegado el momento de dar un paso adelante y repensar su existencia misma.

El INDH nació en 2009, con la ley 20.405 y un noble fin: que Chile nunca más vulnerara los derechos humanos. Para 2026 tiene asignados $16.339.094.000. Plata de todos los chilenos, para 300 funcionarios y 15 sedes.

Lo bueno: fue necesario. Nos dio estándar internacional, observación en cárceles y comisarías, y nos recordó que la dignidad está en la Constitución, Art. 19 y Art. 5 inciso 2°. Eso hay que reconocerlo. Cumplió una etapa.

Lo malo: el problema es que esa etapa terminó y el aparato siguió creciendo. Hoy gasta $250 millones en una productora de eventos para 2026, tiene sueldos que cuadruplican el promedio del chileno, y 15 sedes con arriendos millonarios cuando bastarían tres y atención remota. En el Senado se señaló: más de 10 mil denuncias y solo 42 condenas. Y miles de querellas contra Carabineros.

Y lo más grave: el ciudadano de a pie siente que no es para él. Lo viví. Como representante de una asociación y como ciudadano presenté escritos hace años y no hubo respuesta formal. No lo digo como queja personal, lo digo como ejemplo de lo que muchos sienten.

¿Y las pymes asaltadas? ¿El adulto mayor en lista de espera? ¿El uniformado agredido? Ellos también tienen derechos humanos.

Lo justo: no es eliminar, es evolucionar. Propongo transformar el INDH en el DPV: Departamento de Protección de Víctimas. Para TODOS.

Con $8.000 millones basta y sobra. Tres sedes: Santiago, Concepción y Valparaíso/Viña. Personal justo y necesario. Sin ideología. Que atienda a la mujer golpeada, al niño vulnerado, al comerciante asaltado y también al uniformado.

Auditar inmuebles, cortar arriendos y reasignar propiedades fiscales. Y los otros $8.339 millones, a lo urgente: listas de espera en salud, becas para sectores marginales y seguridad. Plata que el ciudadano sí ve en la calle. Los derechos humanos son para todos los chilenos. O son para todos, o no son.