Yogures con fecha de vencimiento

Con esa frase, el histórico líder de la UDI, Pablo Longueira, vaticinó un tiempo breve al muy anunciado gabinete ministerial del Presidente electo, JA Kast. Hay razones que lo explican.

En efecto, un gabinete que predominan ampliamente los independientes y ejecutivos de empresas ligados a la ultraderecha, expresa la desconfianza perenne del Presidente electo a las fuerzas políticas que lo apoyan. Es algo que va mucho más allá de lo coyuntural, se trata del menoscabo de la derecha ultraconservadora, hoy liderada por Kast, hacia quienes ejercen la política como una acción permanente y no sólo por la motivación circunstancial de un buen resultado electoral o una expectativa de figuración personal.

Longueira lo dice con propiedad. En su caso, es muy posible que haya liderado el esfuerzo más sistemático para conseguir tener una fuerza política organizada como representante de la derecha en el país. De hecho, se instalaron con significativa gravitación en el proceso de transición, en especial, en la primera década del siglo. Pasaron de grupo sectario meramente protector de Pinochet a un Partido político de derecha conservadora, propiamente tal.

Sin embargo, el cuestionamiento de lo realizado en veinte años coincidió con que la corrupción golpeó duramente a la UDI, desbaratando su legitimidad ante el país, a renglón seguido el autoritarismo populista ramplón de Kast terminó de "aguar" los planes de Longueira y otros dirigentes históricos, levantando un competidor de ultraderecha que el actual liderazgo de la UDI, meramente contestatario, no fue capaz de contrarrestar. Los republicanos se impusieron en la derecha sin contrapeso.

Por cierto, no todo fue por responsabilidad de Kast, también el personalismo de Sebastián Piñera fue un gran obstáculo para una derecha organizada que no fuera dependiente de un líder providencial. Gran amigo de nombrar a su extensa corte de aduladores, muchos fanfarrones y "vendehumos" los dos gobiernos de Piñera, finalmente, debilitaron a la derecha en vez de fortalecerla.

En especial, el segundo periodo dejó las secuelas de inestabilidad del estallido social y, en el afán, de atacar a un adversario en la sombra, Piñera sembró la desorientación en la propia derecha, facilitando el trabajo de desprestigio y menocasbo ejercido, sistemáticamente, por el disciplinado grupo político y operativo del hoy Presidente electo, el que supo hundir, silenciosamente, la opción de Evelyn Mathei, la candidata de la UDI.

Este enorme predominio de Kast le ha llevado a su primer error: creer que es infalible y excluir o minimizar a la vieja derecha en decisiones trascendentes como es el gabinete ministerial. El error consiste en pensar que su debilitamiento actual le excluye del escenario político nacional. Incluso, delatando que algunas designaciones existen por qué no encontró con quién llenar los cargos. La consecuencia es que el gabinete designado hace de la derecha económica el actor principal de su gobierno.

Asimismo, la resurrección como flamantes ministros de antiguas figuras del pinochetismo que alegaban en pos de impunidad en los Tribunales de Justicia no hace sino que reavivar los vínculos del Presidente electo con los criminales más indeseables de los violadores de los Derechos Humanos.

También es un error garrafal incluir desgastadas figuras que renegaron de sus ideas, deambulantes y a todo servicio, que en los últimos años cruzaron hacia la derecha y dejaron de ser lo que fueron a la búsqueda de algún cargo y que aparecen recargando de oportunismo las nuevas designaciones.

Chile no requiere un nuevo Trump, un líder que se auto arroga una condición providencial, por el contrario, los desbordes de ejercicio autoritario de la toma de decisiones a nada bueno conducirán al país en los próximos años.

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