Cuestión de hilos

 Ví hace unos días atrás la película que unió a Vicuña y China Suárez como nueva pareja y que lleva por nombre “el hilo rojo” donde se cuenta que toda persona está atada por el meñique de un hilo rojo invisible que lo conducirá hacia otra persona con la que hará historia sin importar el lugar, el tiempo o las circunstancias. Este hilo se puede enredar, contraer y estirar, pero nunca se puede romper. Hasta ahí comprensible y de algún modo interesante notar que pueden existir muchas parejas unidas por un hilo que potencia el amor y el camino.

Me pregunto de forma bien ingenua ¿qué pasaría si el alcance de este hilo fuese mayor? Lo digo porque al reparar en la leyenda recién descrita podríamos situar que sólo me uno a vivir la experiencia de un amor genuino con uno o dos personas en el transcurso de la vida.

Así queda fuera la posibilidad de globalizar los vínculos que más allá de la sangre se puedan ir dando por una elección pero que brinde la eventualidad que el otro (o cualquier otro) pueda ser parte de mi vínculo de fraternidad. Pareciera entonces que sería necesario pensar la fraternidad ya no sólo en los círculos tribales que nos relata la leyenda sino más bien como la posibilidad cierta y propositiva de estrechar estos hilos con más personas desde el genuino interés de confiar que con el otro construyo humanidad.

A mi modo de entender se genera un gran desafío en el nuevo alcance de estos hilos: apostar por la recuperación del concepto de prójimo, o por el contrario, ratificar lo que para muchos es evidente, que el prójimo también ha muerto (tal como ocurrió anteriormente con Dios, tal como lo anticipó Nietzche).

Vemos tantas veces en los escenarios urbanos altos grados de indiferencia, pero que a la hora de estar con alguno que uno ha elegido unirse, se hace lo imposible para “pasar la fila más rápido” o todo con tal de que esta persona (y no otra) pueda vivir la experiencia que le hará bien.

No logro creer que no nos brindemos la oportunidad de ampliar este anhelo de encuentro con muchos y muchas más personas con quienes construir nuevos modos de relación, no desde el interés sino desde la plena gratuidad, algo que podríamos llamar los nuevos desafíos de los hilos rojos, que nos haga ser cada vez más humanos con todos los humanos, donde el otro no está sólo para desarrollar mi proyecto propio sino que nos embarcamos en conjunto por construir las dimensiones personal y social que ya hemos notado que nos haría desarrollarnos como  humanidad.

Si ampliáramos el alcance de los hilos seríamos más responsables del otro y las fatídicas historias de corrupción, colusión (entre otras necedades) podrían ser menos si vemos que estoy dañando a mi hermano, a todos mis hermanos. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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