¿Público o privado? Al final la bolsa es la misma

Ciertamente interesante la polémica generada por Alberto Mayol en su análisis del dinero donado por Banco de Chile a la Teletón. El caso es particularmente importante por los montos que se están manejando, el impacto mediático de las instituciones, y que son donaciones que están afectas a franquicias tributarias.

En el sitio de Impuestos Internos es posible leer la siguiente definición de Beneficio de las Donaciones.

“Por la vía de diversas leyes, se ha favorecido a ciertas instituciones que son susceptibles de recibir donaciones con franquicias tributarias. En estos casos, se dan una serie de requisitos, no sólo para donante y donatario, sino además para el objeto de la donación. Una de las franquicias que contemplan estas leyes, es la exención del impuesto del que da cuenta la Ley N° 16.271 y la liberación del trámite de la insinuación. Pero desde el punto de vista del donante, la franquicia tributaria más importante la constituye la posibilidad que para efectos de la Ley de la Renta, pueda descontar, ya sea como gasto o como crédito contra el impuesto, parte o el monto total de la donación.”

En términos simples, el contribuyente puede destinar una cantidad de dinero de sus impuestos a alguna institución de su agrado, que se encuentre entre las categorías que contempla la ley.

Parece una excelente idea, pero se abre un abanico ancho de posibles efectos al establecer esto, que van desde la migración de recursos desde áreas prioritarias hacia áreas con mayor impacto mediático, por ejemplo, mucho dinero para perseguir la caza de ballenas, pero nada para la protección de la fauna planctónica, hasta la dificultad de control de esos dineros, pasando por la gimnasia circense para llevarlos hacia otros fines. En esta columna quisiera referirme a lo último.

Conceptualmente, al aprovecharse la franquicia tributaria, 1 peso donado es idéntico a 1 peso pagado por impuestos, ambos debieran estar en las arcas fiscales. Es dinero de todos nosotros, tan solo que el Estado acepta que existe un fin conveniente para la sociedad y permite que el contribuyente lo destine personalmente. Por lo tanto parece del todo razonable que se exija el mismo nivel de celo en el manejo de los dineros de corporaciones que en el Estado.

¿Qué quiere decir esto? Básicamente que el Estado reconoce la existencia de Instituciones cuyo ámbito es de carácter estratégico, y/o genera tal beneficio para la sociedad, que permite que el contribuyente descuente la donación o parte de ella de los impuestos que debe tributar.

Al observar dinero en una entidad susceptible de recibir donaciones,  destinado a sueldos altísimos de sus directivos, compras a proveedores de sus mismos controladores o familia, debiera generar la misma antipatía en el ciudadano cuando se observa parlamentarios haciendo mal uso de los recursos que se le asignan, ya sea en viajes, contratando familiares, u otros. Es nuestro bolsillo del que estamos hablando.

También es interesante las figuras que se pueden generar en este medio, que de manera indirecta están desviando recursos públicos. Se entiende como transparencia el poner datos en una página web, y que estos queden con un vínculo a la vista, pero se falla completamente a la hora de establecer el flujo de dinero real y los mecanismos de asignación de estos.

Veo con pesar cuando la opinión pública parece sólo sensible a los temas con apellido de ‘publico’ o ‘estatal’, pero no percibe lo mismo de lo privado, siendo que en la mayoría de los casos el impacto en el bien social puede ser muchísimo mayor.

¿Soluciones? Una posibilidad sería establecer Chilecompras como mecanismo para todas las instituciones que deseen estar en el listado de la ley de donaciones y sus profesionales vía Sistema de Alta Dirección Pública.

Otra alternativa sería que impuestos internos persiga los dineros gastados por estas instituciones y se reconozca como evasión cada peso que se descontó vía ley de donaciones, y que volvió en forma de pago a la institución donadora, o alguna controlada por familiares, socios, etc.

¿Difícil, no? Claramente. Sin embargo, no es posible construir un Chile realmente generoso, ético, compasivo, y valeroso, si no es que se corrigen las malas prácticas tanto en lo privado, como en lo público.

En cualquier caso, toda corrección de reglamentos tan radical, debiera ser aplicada en forma paulatina, de manera de permitir la adaptación de todos los entes involucrados.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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