¿Contrataría a quien se queda con el vuelto?

Apostaría que la respuesta del 99% de la gente es que por ningún motivo contrataría una persona deshonesta, que se quede con el vuelto, que compre pan en la panadería de un 'amigo personal', donde el pan es más caro y malo o abulta la boleta dejando un 'cola' para quien va a comprar. 

Incluso si esta persona hace bien la pega, mantiene el orden de manera militar, y logra que todo sea óptimo, creo que la mayoría de la gente preferiría tener alguien menos eficiente, pero que otorgue garantía de su honestidad.  Una verdad de Perogrullo, ¿cierto?

Por ejemplo, muchos de nosotros tenemos recuerdos entrañables de que tuvimos una nana cariñosa quien nos cuidó de pequeños. No es menor tener la suerte de encontrar a alguien en quien podemos confiar, estar en nuestra casa y cuidar nuestras cosas. Es un trabajo de una responsabilidad tremenda y muchas veces no es reconocido.

Sin embargo, este rigor que exigimos para quien aceptamos en el hogar, al parecer no es tan claro cuando elegimos a alguien para que cuide la casa de todos, es decir el país.

Las revelaciones que conocemos desde hace décadas del candidato Sebastián Piñera, y su incombustible apoyo en un sector de la sociedad, me hacen reflexionar acerca de  qué es lo que tiene que hacer alguien en la centro derecha para que se le castigue sin apoyo. Sin la necesidad de ir tan atrás como el Banco de Talca, donde el candidato 'salva de la justicia' gracias a la relación de su familia con el régimen militar, el precio que compró Lan, o la relación entre  Bancard, Fincard y Transbank, y dejando la última en una posición monopólica que ha significado la pérdida de excedentes para los consumidores durante casi 2 décadas.

En marzo Ciper Chile publica un artículo titulado "Las empresas zombis que compró Piñera para ahorrar millones en impuestos", en el cual se detalla un proceder bastante dañino para el bien público.

Sólo como ejemplo, se describen transacciones que evidencian retiros en exceso desde Inversiones Bancard Limitada por 91 mil millones (los montos no parecen estar actualizados a moneda del día de hoy, y debieran ser del orden de 6.100 millones de UF), en un período que se declararon pérdidas, es decir se dejó de pagar impuestos por esos montos retirados. Si examinamos la legalidad, todo es 'aparentemente legal' o eso dicen.

Si recapacitamos un poco, nos podemos dar cuenta que se ha reconocido el concepto boletas o facturas ideológicamente falsas, documentos legales que emite una persona o empresa a otra, por servicios o ventas de bienes que nunca realizó, donde la empresa que recibe el documento, lo reconoce en la contabilidad como un gasto y con ello disminuye la utilidad y a la vez paga menos impuesto, por lo tanto, es una herramienta comúnmente utilizada para evadir impuestos.

Es decir, aceptamos que pagar una asesoría que nunca se realiza, un producto que no se entrega, con el fin de descontar de la contabilidad y obtener números rojos para fines impositivos, sería un delito.

¿Cómo aplica a las empresas? Simple, la compra de empresas zombies, significa que se está comprando una empresa que no existe, 0 activos de cualquier tipo, 0 operarios, etc., sólo es un Rut asociado a una deuda.

La pena es que al final son los accionistas, acreedores y empleados de esa empresa quebrada quienes sufren la pérdida (además de todos los chilenos por hospitales no construidos, tratamientos no realizados, escuelas sin funcionar, por el dinero que no se pagó a impuestos).

En el mismo período, teníamos el escándalo del MOP-Gate, que el mismo presidente del CDE Juan Ignacio Piña indicaba un daño al fisco de 799 millones de peso, es duro darse cuenta que los mismos que cazaban a los perpetradores de tales hechos, utilizaban maliciosamente los instrumentos financieros y tributarios para disminuir la billetera de todos los chilenos en cientos de miles de millones.

Escribo acerca de este tema en particular, porque me parece una acción particularmente perniciosa.

Si bien el reportaje llega hasta el año 2009, el daño al correcto funcionamiento del mercado, creando incentivos hacia la mala gestión, polucionando la actividad económica donde se obtienen dividendos por las pérdidas, y el negocio no es trabajar y producir, siendo más rentable el juego especulativo, o derechamente la gimnasia artística tributaria (con perdón de l@s gimnast@s).

Favor no confunda este escrito con propaganda, o anti propaganda. Simplemente es un llamado a exigir más de nuestras autoridades y castigar negando el apoyo a quienes los cometan.

Quienes lo hacen, generan una pérdida importante a la calidad de vida de todos l@s chilen@s y mientras no se castigue con el voto, seguirá pasando.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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