El círculo virtuoso de la educación superior

Tuve ocasión de escribir un libro con personas que provenían de mundos distintos, una serie de conversaciones que convergieron en una reflexión crítica pero constructiva sobre el Chile del nuevo siglo. Éramos cuatro los contertulios: Ricardo Escobar C., Claudio Muñoz Z., Alfonso Sweet O. y quien firma estas líneas. Claudio, a la sazón presidente de Telefónica Chile, en uno de esos diálogos puso un ejemplo para iluminar un concepto tan utilizado como poco entendido, la productividad.

Se trataba de una empresa maderera que había conocido en Estados Unidos. En ella, el chofer del camión cargado con madera desempeñaba todas las funciones: abría la planta, realizaba la operación con las maquinarias de descarga, dejaba todo limpio y se iba. En Chile, señalaba Claudio, la cosa era distinta. De partida, debía existir alguien que abriera el portón de la planta porque le conocía la maña al candado; el chofer esperaba en su cabina mientras otros desmontaban la carga y, al concluir, un trabajador - externo, casi siempre - hacía el aseo.

La conclusión. Una actividad productiva en Estados Unidos era hecha por un sólo operario calificado; en nuestro país, la hacían cuatro o cinco personas. Esto, entre otras cosas, conduce a que un mismo sueldo se divida varias veces; o, dicho de otro modo, que en Estados Unidos se le pague cuatro o cinco veces el sueldo al transportista de la empresa maderera.

En suma, la productividad del operario en el país del norte era, de nuevo, cuatro o cinco veces superior a la productividad del chofer chileno.

El ejemplo pone en escena la relación entre desarrollo de capital humano y generación de riqueza, la interacción entre sistema productivo y educación terciaria. En nuestro país, dicha interacción es bajísima y desarticulada, aun cuando la formación sea con currículos basados en competencias.

Un caso revelador. Las prácticas profesionales representan un contratiempo, “un cacho”en español castizo, que se soluciona enviando el estudiante a sacar fotocopias. El tránsito del sistema educativo al productivo no es una instancia de formación real y valiosa, sino un trámite desaprovechado por empresa y estudiante.

Esto enseña un desconocimiento del círculo virtuoso de la educación superior; con ella, las personas mejoran su aporte al sistema productivo, con conocimientos y habilidades sofisticadas y pertinentes; esas personas generan más riqueza y acceden a mejores salarios; y, como resultado, los países aumentan su ingreso per cápita, agilizan el consumo y potencian industrias con valor agregado.

Un círculo virtuoso que la región de Valparaíso tampoco ha sabido favorecer, con puentes exiguos entre el sector público, privado y la educación terciaria.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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