El desafío de la inclusión

Hoy transitamos por un Chile muy distinto, ya no somos los mismos de hace 20 años atrás y eso queda de manifiesto en las modificaciones que hemos experimentado como sociedad y en nuestra cultura. Todos los cambios vividos suponen desafíos para que el “aprender a convivir” sea más que una frase asociada a las instituciones escolares y a los más pequeños de nuestra sociedad, incorporando en esta tarea también a los adultos que tenemos la posibilidad de  descubrir la riqueza de la diversidad y el aporte que esta puede traer para el país.

Lamentablemente, los prejuicios y la falta de tolerancia a la hora de compartir nuestros espacios cotidianos con inmigrantes, personas con capacidades distintas o con diferente identidad de género, provocan reacciones lejanas a lo que esperamos alcanzar en cuanto a niveles de  apertura y acercamiento.

Desde la década de los 90, nuestro territorio se ha convertido en un destino atractivo para la población internacional, razón por la cual familias completas han llegado para establecerse e integrarse a la sociedad chilena, ante lo que nos cabe preguntar si niños (as) y jóvenes recién llegados tienen acceso a una educación que les abra las puertas tanto en forma como en fondo.

Actualmente, existe cerca de medio millón de inmigrantes provenientes en su mayoría de Colombia, Perú, República Dominicana, China y Haití, incorporándose cada vez más niños (as) y jóvenes al sistema escolar, los que de acuerdo a los datos entregados por el ministerio de Educación, hoy suman más de 22 mil estudiantes extranjeros en instituciones escolares.

Por lo anterior, el compromiso de garantizar el acceso a una educación de calidad y dar cumplimiento al principio de igualdad de oportunidades, para estudiantes que provienen de distintas etnias, culturas, religiones o que cuentan con habilidades distintas, se ha convertido en el principal desafío del mundo docente en los últimos años.

Si bien se han logrado algunos avances tanto en el sector privado como público, especialmente en lo referido a la necesidad de adaptar algunas metodologías y recursos de apoyo escolar, queda aún mucho camino por recorrer, el más importante es transitar desde una mirada de “respeto a la diversidad” hacia una “valoración de la diferencia”, apreciando en aquello que nos es desconocido, la oportunidad de un aprendizaje propio y la construcción de una postura más amplia sobre el mundo que hasta ayer conocíamos.

La educación por lo tanto, tiene una tarea, dar inicio a procesos formativos de todos los actores de la sociedad mediante una actitud abierta, permeable y respetuosa hacia todo aquello que parece desconocido y diferente, logrando de esta forma una sociedad que a medida que se aleje de lo estándar y uniforme, se aproxime sin temores a la construcción de una cultura más creativa y apreciativa del otro.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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