Fantástica identidad

Una película gestada en nuestras tierras, con una protagonista transgénero, ganó un Oscar. El país entero se volcó a las redes sociales para felicitarla, junto a su equipo, por el trabajo realizado. Sin embargo, en Chile aún no se reconoce el libre desarrollo de la personalidad de Daniela, reflejado en su nombre social: “En mi carnet hay un nombre que no es mi nombre, y es porque el país en que nací, no me entregó esa posibilidad”, declaró la actriz luego de ser recibida por la ex Presidenta Bachelet. 

El no reconocimiento a este derecho esencial como persona es una paradoja que incita a abrir el diálogo para incidir en la resolución de las problemáticas en torno a la identidad de género, en pos de mejorar nuestra legislación, incorporando además paradigmas de pensamiento que no patologicen lo trans.

Como sociedad, debemos avanzar acorde a los tiempos. Hay jóvenes que no se ajustan al concepto binario de género porque no se sienten cómodos y sufren al ser obligados a calzar dentro de los parámetros cisnormativos. Combinan nociones de lo masculino y de lo femenino, o bien, se desentienden de tales nociones.

En sintonía con ello, el colegio Concepción de Chillán hoy posee un proyecto educativo digno de un establecimiento educacional de la capital regional de Ñuble, que reconoce las diferencias y el derecho de las y los trans a usar el baño que les identifique:  establecieron baños mixtos y uniformes de acuerdo a su identidad. Y el caos no llegó, sólo tranquilidad, felicidad y tolerancia se respira en sus aulas.

Creo es necesario visibilizar, apoyar y acompañar la juventud trans, así como darle contención a la niñez y a su entorno familiar.

La humanidad no es una computadora, por tanto no debiera responder a códigos binarios, existen tantas identidades como personas. Esos niños, niñas y jóvenes trans son también sujetos de derecho. Ojalá sea prioridad para este nuevo Gobierno el permitir que toda persona pueda acceder a cambiar su nombre y género en sus documentos.

Necesitamos un país que abogue porque la exclusión de la diversidad llegue a su fin, ampliando la libertad  de las y los ciudadanos. La ley no es sólo una expresión de la técnica jurídica, es una manifestación de la voluntad, y debe tener un contenido.

Yo, al menos, al legislar intento plasmar una visión de sociedad que detente una convicción, que creo en esta ley es el adecuado y, por lo demás, recoge los principios de Yogyakarta.

Los que creemos en un Estado vigoroso, transparente y solidario, que entregue certezas jurídicas que nos permitan ir avanzando en más protección social y dando certezas a toda la ciudadanía sobre sus derechos, trabajaremos porque la tolerancia, no discriminación y respeto a la dignidad de las personas pronto se constate en nuestras políticas públicas.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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