Los insultantes

El tiempo entre mi artículo anterior y el que tienes frente a tu pantalla, desocupado lector, convengo en que ha sido excesivo, otros vientos me han alejado de esta tribuna, así, la ejecución de un libro que, dudo, interese a la adormecida escena local, ha consumido el poco y escaso tiempo libre que los menesteres de este mundo me infligen. 

Pretendía que su tema fuera ,en esta oportunidad, la escandalosa intervención en el programa de TVN El informante, del arquitecto del sistema de AFPs, no su creador, como gusta de presentarse con pompa no menor, en ello hay discusión si el engendro que hoy baja dramáticamente nuestras pensiones fue parido desde las siniestras entrañas de la ODEPLAN dictatorial o de la pirámide defraudadora montada por un gangster italiano de principios del siglo XX.

Sin embargo, plumas más eficaces y sonoras que la mía y dos contundentes y masivas marchas populares ya lo han refutado a discreción a él y su maquinita para generar capital abundante y a bajo costo, para aventuras especulativas poco claras. Como los argumentos del ex ministro y cotidiano paseante de las callecitas de Vitacura no resisten el menor análisis, pretendí sumergirme otra vez en mi atareado silencio, cuando la fuerza descomunal del ataque contra una de nuestras más queridas instituciones me hizo detenerme y, cual Cincinato, dejar el arado a un lado y volver al frente de batalla cotidiano.

No, estimadas y estimados, no me opondré al anunciado fin de la marraqueta, cuya amenaza se espanta con un buen golpe de horno (lo dicen los propios panaderos), ni menos con la muy parcial prohibición del rodeo. Compartir la causa de erradicarlo por cierto que genera simpatías previsibles, pero veo su fin tan improbable como el de las corridas españolas de toros. Se invoca la tradición, el ADN de una cultura de raigambre tan agraria como la nuestra, en fin. Y se levantan todo tipo de egregias voces defendiéndolo, (se alega que incluso protege a los animales que chocan los unos con los otros), etc. Pero llama la atención el encono, el chauvinismo a ultranza que se exhibe por una práctica que se ha tendido, incluso a considerar prácticamente como institución.

Encono que escasea, sin embargo, a la hora del ataque despiadado que una de nuestras pocas instituciones históricas reales ha sufrido de un modo tan artero, (y en las inmediaciones de su cumpleaños, peor aún).

Un par de guarismos menos le hicieron pensar a un grupúsculo de mercantilistas de la educación que el Instituto Nacional, nada menos, carecía de la excelencia académica que sus cuestionables estándares definían. Exhibieron porcentajes y declararon con pachorra de antología que los hechos lo probaban.

Prosiguiendo la exitosa política del desafortunado ministro Eyzaguirre hay que nivelar la cancha quitando supuestos patines, qué mejor que nivelar hacia abajo castigando al colegio referente de lo que queda de educación pública. Paralelamente, como trasnochados discípulos del superado Fukuyama pretendieron erradicar, con sutiles subterfugios, la historia y de la filosofía del currículum escolar. Si bien ahora parecen recular de esto último, algo me hace pensar que deben estar realmente orgullosos de su estupidez.

Ha sido deporte nacional de todas las élites en el poder desde 1973, no nos engañemos. Dictadura y gobiernos así llamados democráticos, ¿cuál de todos no exhibe en su currículum algún intento por dañar o menoscabar al Instituto, nuestro, les guste o no, primer foco de luz de la nación?

Desde dejar abandonadas obras de mejoramiento a la célebre e infame calificación de “Liceo A0” hecha por el ministerio del dictador (a sus almas-maters jamás les habrían endilgado el numerito, se los aseguro), desde el continuo descenso de inversión de parte de la cuestionada municipalidad que aún la gobierna, hasta el amedrentamiento al legítimo descontento de sus estudiantes y ahora, a anunciar con bombos y platillos esta especie de castigo patronal a la disidencia. Se espantan en columnas mercuriales del descrédito popular frente a las instituciones y no dudan, al mismo tiempo, emporcar a una de ellas. Dicen que sus detractores los insultan. Llaman a cuidar al lenguaje, pero descalifican con elegante disfraz. Esquizofrenia nivel dios.

No son los números ni su ductilidad mi competencia, pero tengo todo el derecho de intervenir en este debate. Es más que dudoso el tinglado retórico que arman para camuflar su verdadero propósito, consolidar la idea neoliberal de la educación como bien de consumo.

Una cifra aceptable de SIMCE cercana a los 300 puntos te convierte en un colegio de excelencia académica. Si logras ésta y otras lindas cifras semejantes, te pago. Para el mineduc (así, con minúscula) eso es lograr educación de calidad. Este concepto sospechoso, ha sido cuestionado de modo contundente, más aún, gente que sí sabe de educación ha denunciado su hálito desagradable a neoliberalismo y que se emparenta con las normas ISO, por ejemplo, y no es realmente aplicable a una tarea tan esencial como la educación.

Pertinencia educativa es la palabra correcta, entregamos una educación que busca formar una mente auto reflexiva y clara conocedora de su contexto, que va más allá de dominar una fórmula de selección múltiple, o de producir una hamburguesa de cuarto de libra con queso. Un profesor que imparte conocimiento no reparte cajitas felices en las bandejas del Mc Donald’s. El aprendizaje es un logro colectivo, progresivo e inclusivo, no el resultado de políticas de shock ni bonos de producción.

Se puso en duda el legado del Instituto Nacional por esta coyuntura de mal gusto. Algunos, apurados, anunciaron incluso su fin.Pero la grandeza de un colegio con verdadera identidad y mística resiste y resistirá todo tipo de embates inimaginables. Baste recordar los incontables nombres de quienes egresaron de sus aulas para intentar construir algo así como un país en este territorio tan aislado ante los ojos de Dios. Hombres librepensadores, dotados de capacidad auto reflexiva y transformadora de realidades. Ese tipo de estudiantes se han seguido gestando ininterrumpidamente. Los de hoy se plantan ante la sociedad explícita, contundentemente diciendo basta, pero se han auto inmolado, heroicos, ante la sordera aturdida de la mudable opinión pública, si es que este constructo existe. El discurso de la prensa del duopolio se ensaña, por supuesto, contra ellos. Decididamente a los fanáticos del feble aquí y ahora, la memoria e historia del que dicen, es su país, en el fondo nada les importa.

Un señor que ningunea a los chilenos que con horror ven ganancias siderales de empresas que ni se arrugan en no pagar la pensión decente que sí prometieron entregar,(señor Piñera) ; un gerente que insulta de modo ilustre a las víctimas del mismo, quienes marchan por las calles pidiendo dignidad, comparándolos con el célebre insecto holgazán de la fábula, una prensa que se complace, cual meretriz, en seguir ejerciendo como relacionadora pública del poder, descalificando al disidente, un Ministerio que avanza a paso de cangrejo en el camino de la destrucción de la educación pública, parte de un Estado obcecado y clientelista, en suma, entregado a especuladores, que no dudan todos ellos en llamarnos cigarras, ignorantes, frívolos, malos estudiantes de establecimientos de mala calidad a los que pensamos distinto a la élite a la cual tanto le temen, y ya no trepidamos más a expresarlo a voz en cuello: ellos son los verdaderos insultantes, a ellos hay que hacerlos callar, sin odio, sin violencia, esperamos.

La razón y la voluntad están de nuestro lado. Su burbuja viaja sin control. No sabemos a dónde.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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