A Carolina Goic, con gratitud

Pertenezco a los miles de chilenos, demócratas cristianos, independientes y de diversas creencias e ideologías, que vieron con esperanza el liderazgo y mensaje de la candidata presidencial Carolina Goic.

Veinticuatro horas después de que la ciudadanía se expresó en las urnas, e independientemente de los resultados, más que nunca reafirmó que se trata de una mujer, de una política DC y de una humanista, excepcional.

Tuve el privilegio de participar en algunas de sus giras por regiones, en las que fui testigo del notable grupo que la acompañó por el territorio nacional: gente generosa, de extraordinaria calidad humana y entregada hasta el límite.

La ví en interacción con la gente y percibí su empatía y calidez, observé su prestancia, escuché sus planteamientos, constaté cómo su opción valórica cristiana se plasmaba en una propuesta para hacer de Chile un país mejor, recordándonos que una política motivada únicamente por intereses carece de contenido cristiano y,  por sobre todo, admiré su tremendo esfuerzo y tesón con que se desdobló en terreno por rincones recónditos de nuestro territorio.

En una democracia cristiana que ha vivido años difíciles, con debates y definiciones internas sobre temas fundamentales aún pendientes, detrás de las cuales sin duda subyacen visiones controvertidas sobre el futuro de nuestra sociedad, Carolina Goic se ha instalado en las bases de la DC como una figura esperanzadora y un liderazgo ético que incluso ha violentado a cierta elite partidaria.

En medio de la campaña presidencial supo perfilar la mirada de país que, acorde con los signos de los tiempos, la DC debe ofrecer a los chilenos, con contenidos y propuestas que apuntan a cambios en las formas y en el fondo, derivando en una sociedad más equitativa y en que de verdad predomine el bien común.

Su programa de acción tuvo como norte la construcción de nuevas formas de convivencia entre los chilenos, fundada en la ética y más específicamente en la ética social, en que la dignificación de las personas y la justicia social son los ejes centrales que deben infiltrar los diferentes ámbitos y estructuras sociales

Todo ello, dentro de una opción estratégica y de gestión en que se acaba la omnipresencia y omnisciencia de la economía y se va hacia  la recuperación del equilibrio entre ésta y la política, con una necesaria preponderancia de esta última como debe ser en un sistema democrático.

Todas estas características y atributos los fue irradiando y desplegando a lo largo del país en una campaña severamente condicionada y ninguneada no solo por la derecha y varios medios de comunicación, sino que de manera fundamental, por algunos de los propios candidatos al parlamento representando a la democracia cristiana. A nadie dejará de llamarle la atención, ya que es casi una evidencia que se explica “con manzanitas”, que el hecho que Carolina Goic haya obtenido la mitad de los sufragios que obtuvo la lista parlamentaria DC., es algo un “poquito raro”.

Soy de los que creo que, previo acuerdo en algunas líneas programáticas, nuestra razón de ser como demócratas cristianos, en la situación actual, nos impele a apoyar a Guiller  en la segunda vuelta. No obstante, considero que la declaración del grupo de demócratas cristianos pidiendo la renuncia a la presidencia del partido a Carolina Goic, a horas de un Consejo Nacional precisamente convocado para hacer el análisis y las autocríticas correspondientes después del resultado electoral, fue un acto desproporcionado, artero y mediocre.

Pero, que nadie se llame a equívoco, salvo que tome una decisión personal radicalmente diferente sobre su futuro, Carolina ha consolidado un liderazgo en la DC que se ha proyectado al país significativamente.

En ella se ha hecho realidad eso de que solo se está a la altura del destino si se aceptan las condiciones del destino mismo.

A pesar del aparente absurdo que muchos le imputaron, la candidatura de Carolina Goic estuvo llena de sentido, de ese sentido que tal vez no se percibe racionalmente, sino que emana de un sentimiento íntimo  que lleva a realizar todo lo que la vida en algún momento nos exige.

Fue este sentido profundo y difícil de deletrear, el que produjo un magnetismo en miles de nosotros y nos contagió iluminando nuestra tan recurrente opacidad de lo cotidiano.  

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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