La consigna de terminar con las listas de espera

El slogan de terminar con las listas de espera para atención médica es una de las promesas que escuchamos hoy de los candidatos y la significación que cada persona otorga a este problema cobra relevancia en un enfoque más reflexivo que escasea en tiempos de codicias políticas.

Lo cierto es que listas de espera siempre habrá, puesto que las enfermedades son acumulativas, acentuándose en una atmósfera social medicalizada. Los tiempos de demora son una característica inherente a los procesos de atención, de causa multifactorial y se corresponden con un ordenamiento de la entrega de servicios.

Permanecer en lista de espera no necesariamente es un problema y el número de personas en la lista no tiene en sí mismo ningún significado si es que no se precisan tiempos por diagnóstico, condiciones de funcionalidad o pronóstico.

¿Qué se entiende por lista de espera y de qué magnitud estamos hablando? Esto carece de la transparencia necesaria y de una definición que sea comprensible.

Se trata de un desbalance entre oferta y demanda en el cual intervienen muchos factores, no correspondiendo a un problema de falta de recursos o de mal funcionamiento del sistema sanitario como puede ser concebido.

Si esta es la fuente de la cuestión entonces cabe preguntarse si al aumentar la oferta de servicios se solucionará adecuadamente la demanda.

Los 80 problemas de salud que están incorporados en el régimen de garantías explícitas -que se aproximan a dar respuesta a más de la mitad de la carga de enfermedad de los chilenos - tienen una definición legal de tiempos de oportunidad, garantizando su cumplimiento para que las demoras no aumenten el riesgo de empeorar o de caer en riesgo vital.

Estudios de listas de espera en Europa y otros informes afirman que los tiempos de espera para intervenciones quirúrgicas no urgentes constituyen un problema en prácticamente la mitad de los países (OCDE), siendo los tiempos medios superiores a varios meses y algunos alcanzan años.

Reconociendo la universalidad del fenómeno, las formas de enfrentarlo han sido variadas, destacando actuaciones sobre la demanda o sobre la oferta: ponemos recursos para atención, como más horas médicas de especialistas, o más hospitales, o dejamos de “enlistar” a más personas, resolviendo el problema en la atención primaria y promoviendo la salud educando a la gente para que se cuide y evite enfermarse.

No debemos desconocer que las “personas que se sienten enfermas” tienen su propia percepción de los tiempos de demora, preocupándoles la información que les atañe y su experiencia se inicia ante la sospecha de enfermedad. Una vez iniciado el proceso de prestación de atención los tiempos de demora se convierten en elementos de ansiedad ante la incerteza.

Si basamos nuestra estrategia en el control de la demanda serán favorables las medidas de sensibilización e información personalizada desde el inicio del proceso.

Asimismo, es relevante trabajar en el campo de las indicaciones médicas, disminuyendo su variabilidad tanto en la exploración diagnóstica como en el abordaje terapéutico.

Diversos estudios referidos a la efectividad clínica señalan un tercio de consultas a especialistas innecesarias, y una curva ascendente en la relación entre número de consultas en especialidades quirúrgicas e inclusiones en listas de espera quirúrgicas.

Hoy en Chile la tendencia es a un aumento de enfermedades ligadas al envejecimiento y la cronicidad, no menos de un 60% de las patologías atendidas tanto en urgencia como en atención primaria lo son, y estos son pacientes que copan los servicios y ante su descompensación terminan ocupando camas de cuidados críticos en los hospitales.

El modelo de salud debe incluir a los ciudadanos y fomentar el autocuidado, la mantención y recuperación de la funcionalidad y el alerta a lo largo de toda la vida.

Hoy, la medicina general debe ser reforzada en cuanto atención integral resolutiva. El modelo favorecedor de la alta especialización médica ha fragmentado a la persona en estructuras anatómicas que no dan cuenta del fenómeno integral de la enfermedad y menos del abordaje holista de la salud.   

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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