Capacitar antes de financiar

En la 32ª Reunión Ministerial de Pymes de APEC, realizada en Guangzhou, China, escuché a varias delegaciones describir una misma intuición con distintas palabras: el financiamiento público rinde más cuando llega después de una base mínima de capacidades, no antes, lo que no es un detalle menor. Durante años, la política de fomento en Chile y en buena parte de la región, ha operado bajo una lógica inversa: primero se entrega el subsidio, y solo después, se ofrece capacitación como un complemento opcional. La experiencia de varias economías APEC sugiere que ese orden debería invertirse.

Canadá lo planteó con particular claridad al presentar su estrategia de inteligencia artificial para pymes, AI4ALL. Su segundo pilar, al que llaman "oportunidad", consiste explícitamente en priorizar la formación de competencias de trabajadores y dueños de negocio como condición para que la adopción tecnológica funcione. Solo en un tercer pilar denominado "prosperidad compartida", entra el acceso a capital y financiamiento. La secuencia no es casual, Canadá asume que entregar herramientas o recursos a una pyme que no sabe usarlas es, en el mejor de los casos, ineficiente.

Filipinas presentó una lógica similar, aunque aplicada a la internacionalización de sus pymes. Su hoja de ruta se organiza en cuatro etapas: habilitar, mejorar, conectar e integrar. Es explícita en que ninguna empresa puede saltarse la etapa de "mejorar" sus capacidades productivas antes de avanzar hacia la conexión con mercados o cadenas de valor globales.

Esa es, en esencia, la misma lógica que en Sercotec estamos empezando a instalar. Hoy, para acceder a instrumentos como Capital Semilla o Crece, exigimos a quienes postulan completar un número mínimo de cursos asincrónicos antes de recibir el financiamiento. No es un trámite burocrático adicional, es un cambio de diseño de política. Buscamos que quien recibe recursos públicos llegue con las competencias mínimas de gestión, formalización o planificación financiera que le permitan usar ese capital de manera efectiva, en lugar de entregar el subsidio primero y descubrir después, muchas veces demasiado tarde, que la empresa no tenía las herramientas para aprovecharlo.

Es un cambio que recién estamos empezando a profundizar, y que en los próximos años debiera consolidarse como estándar en más instrumentos de la institución, no solo en los dos que hoy lo aplican. La evidencia que compartieron Canadá y Filipinas en Guangzhou, economías con realidades muy distintas entre sí y con la nuestra, apunta en la misma dirección: la capacitación no es un beneficio adicional que se entrega junto al subsidio, es la condición que determina si ese subsidio va a servir de algo.

El desafío que nos llevamos de este encuentro no es solo seguir aplicando esta exigencia en los fondos que ya la tienen, sino preguntarnos con seriedad en cuáles otros instrumentos de Sercotec la ausencia de un mínimo de formación previa está debilitando el impacto de los recursos que entregamos. Si el diagnóstico es correcto, la respuesta no debería ser excepcional: debería ser la regla.