Durante décadas se instaló una idea en directorios, faenas y oficinas: contratar mujeres es un costo operacional. Hoy la realidad cuenta gradualmente otra historia. Según el Monitoreo de Indicadores de Género del primer semestre de 2026, elaborado por la Alianza CCM-Eleva, las mujeres ya representan el 24,1% de la dotación de la gran minería, más del triple que hace una década. Chile es hoy referente mundial en inclusión femenina en la industria.
Esto fue posible porque empresas, gremios y organizaciones entendieron que la diversidad es estrategia. Las grandes compañías han instalado metas y políticas de flexibilidad, y en el mundo proveedor, Aprimin impulsa Women in Action para abrir espacios en toda la cadena.
Pero el mayor obstáculo ya no es el acceso, sino la cultura. La resistencia al cambio aparece en el supervisor que asigna "algo más liviano" o en la reunión donde ella debe validar dos veces lo que su colega dice una. El desafío ahora es que las mujeres se queden, crezcan y lideren, también en contratistas y proveedores de los territorios, donde la brecha es mayor. Este desafío exige, además, un cambio de mirada de fondo: entender que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, y los procesos naturales que las acompañan, son solo eso, diferencias, y no desventajas.
Los hombres también atraviesan cambios físicos y hormonales en distintas etapas de la vida, pero rara vez se consideran un factor de riesgo para su carrera. En cambio, la maternidad o la menopausia muchas veces se leen como una carga. Una industria que diseña sus faenas, turnos y políticas reconociendo la biología de todas las personas no está haciendo concesiones; está gestionando mejor a su gente.
Tres propuestas para avanzar: hablar de valor y no de costo, porque los equipos diversos son más seguros e innovadores; formar a los mandos medios, donde realmente se juega el cambio cultural; y acompañar a la cadena de proveedores, no solo exigirle.
Redes como Women in Mining, presente en el mundo y en Chile, han sido clave con mentorías y visibilidad. Porque cuando una niña ve a una mujer liderando en minería, entiende que ese camino también es posible para ella.
La minería chilena ya demostró que puede liderar. El siguiente paso es que la presencia de una mujer no tenga que justificarse, y sea vista como lo que es: una inversión en competitividad, seguridad e innovación.