Enagro 2026: un camino de colaboración para volver a hacer crecer la agricultura

En su último discurso a cargo de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker hizo un lúcido análisis de la trayectoria reciente y los desafíos que enfrenta el sector de cara a la meta que se ha planteado el actual gobierno de "volver a crecer". Reconoce los logros de años pasados con datos, nombra los problemas sin eludirlos y termina con un llamado al diálogo que el país necesita.

El 2025 fue un buen año para el agro. El PIB silvoagropecuario creció 6,3%, el triple que la economía, y el sector exportó cerca de US$ 20.000 millones a más de 160 mercados. El 14% del PIB integrado que menciona Walker incluye los encadenamientos hacia la industria, el comercio y el transporte, pues sabemos que el sector agroalimentario mueve mucho más de lo que su cifra directa sugiere.

Esos resultados no son casualidad. Se explican por una política pública sostenida de apertura comercial, y resguardo del patrimonio sanitario y, como dijo Walker, por productores que se atrevieron a competir. Cuando Estado y sector privado reman en la misma dirección, los resultados se notan.

Este año 2026, en cambio, observamos una preocupante pérdida de dinamismo. Entre enero y julio las exportaciones silvoagropecuarias bajaron 6,8% y el PIB sectorial cayó 4,3% en el primer semestre. En el encuentro del pasado miércoles, las autoridades nacionales presentes nos invitaron a "volver a crecer". Hago a continuación una lectura de los desafíos que enfrenta el sector para, yo dría, retomar la senda de crecimiento.

De los desafíos planteados por el líder gremial hay tres con los que coincido plenamente. La sanidad, cuidarla es una inversión, y reforzar al SAG es un terreno donde hay espacio para amplios acuerdos. El agua, dar continuidad a una política hídrica de Estado, con embalses, desalación y riego tecnificado, es urgente. La seguridad, que tres de cada cuatro productores hayan sido víctimas de robo en un año no es normalizable, y afecta más a quienes tienen menos capacidad de protegerse.

En aranceles, la negociación producto a producto que impulsa la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales es el camino realista, tras la pérdida de vigencia de facto de nuestro acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. La diversificación hacia India, el Sudeste Asiático y Medio Oriente es indispensable para reducir la dependencia de los mercados que ya tenemos y la creciente presión de los retornos por la sobreoferta.

Agregaría otros desafíos que provienen del entramado global a los cuáles sólo una estrecha colaboración público-privada permitirá abordarlos.

El primero es la competencia que viene desde nuestros propios socios. El acuerdo UE-Mercosur, firmado en enero de este año y en aplicación provisional desde mayo, reposiciona a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay frente a Chile, cuya ventaja de acuerdos tempranos se acorta. A ello se suma la tensión entre Washington y Beijing que sigue siendo de aranceles altos y represalias selectivas sobre alimentos.

El segundo es el clima, que refuerza la urgencia de adaptación. Sólo por el presente fenómenos de El Niño, las pérdidas económicas proyectadas para el sector ascienden al menos a los US$ 400 millones. La nueva competitividad deberá apoyarse en sostenibilidad, eficiencia hídrica y baja huella ambiental.

También está la brecha entre dos agriculturas: una integrada a los mercados globales, con capital y tecnología, y otra, la agricultura familiar campesina, mucho más vulnerable. Cerrarla pasa por tecnología, datos y trazabilidad, que los compradores ya exigen como condición de acceso.

Por eso valoro que Walker proponga discutir la edición genética desde la ciencia y la evidencia, como lo hicimos en enero de este año cuando sometimos a consulta pública la normativa de propagación de material vegetal desarrollado por nuevas técnicas de mejoramiento.

Si hay una idea que comparto de punta a punta, es que Chile necesita una mesa firme en sus cuatro patas: el Estado, el sector privado, la AFC y la academia. Esa mesa no se sostiene con desconfianza mutua. A Antonio Walker le deseo lo mejor en lo que viene. Su cierre, con la certeza de que "siempre vale la pena volver a sembrar", resume bien lo que le debemos pedir al campo: seguir sembrando, con datos, con diálogo y con la mirada puesta en lo que viene.