Hay cuatro nudos que dificultan la aprobación del proyecto de ley que implementa la "Sala Cuna Universal" -actualmente en segundo trámite constitucional-, y ninguno parece insalvable. Esta ley permitiría apoyar el empleo femenino, la natalidad y el cuidado de los hijos. A estas alturas, seguir postergándola es simplemente buscar nuevas excusas.
El primer punto, se refiere a la falta de cobertura pública. Si el argumento en contra es que no existe un 100% de cobertura pública, esto quiere decir, en la práctica, que no se quiere avanzar con la sala cuna. Hay que invertir, disponer de establecimientos y certificarlos. Eso requiere un compromiso de aumento gradual de recintos destinados al cuidado. Es posible implementar el beneficio y, en paralelo, ampliar la cobertura pública a medida que el presupuesto lo permita cada año
El segundo es el copago. ¿Qué tiene de malo que una familia quiera darle una mejor alternativa de sala cuna a su hijo? Quien debe decidir es la familia, no el Estado. Si desea complementar el beneficio, esto no constituye un problema. El beneficio asegura una cobertura básica. A partir de ese piso, las familias debieran poder complementar con recursos propios si buscan una alternativa de mayor costo.
El tercer aspecto apunta al financiamiento. Llama la atención que la izquierda reniegue de una idea que ya estaba en las indicaciones del gobierno del presidente Boric: recurrir al Seguro de Cesantía como parte de la fórmula de financiamiento. Esto requerirá un esfuerzo de todos, a través del seguro o de recursos estatales, de los empleadores y probablemente también de los trabajadores.
El cuarto es la titularidad. Al ser una norma laboral, esa condición debe recaer en la madre trabajadora o que busca trabajo. Eso no impide avanzar después hacia una sala cuna para todos los niños que nacen en Chile. Puede ser una segunda etapa.
La Pensión Básica Solidaria -creada por la presidenta Bachelet-, fue parte de un sistema que creció hasta llegar a la Pensión Garantizada Universal (PGU), la que al comienzo no estaba considerada. Aquí podemos comenzar con sala cuna para las madres trabajadoras y ampliar después la cobertura. También debemos avanzar hacia jardines infantiles para sus hijos y luego hacia un "jardín infantil universal".
El apoyo a las madres trabajadoras no puede terminar cuando sus hijos cumplen dos años y dejan la sala cuna. Hay que hacer la transición hasta el ingreso al colegio. Llegar a un esquema universal desde el nacimiento hasta el término de la etapa escolar requiere tiempo y recursos. Es una política de Estado que sobrepasa a un gobierno; postergar esta ley retrasa el acceso de las madres trabajadoras al beneficio.
Que nazcan menos niños tampoco va contra el proyecto, pues significa un costo menor al comienzo. Pero queremos revertir esa tendencia. La natalidad responde a diversos factores y las dificultades de cuidado son uno de ellos. Ojalá tuviéramos que gastar más en sala cuna porque nacen más niños. Los cuatro nudos tienen respuesta y podemos avanzar, salvo que queramos seguir inventando excusas.