La sala cuna para Chile es una deuda histórica con las mujeres y con la infancia, si bien el Senado ya aprobó que este derecho deje de depender de que haya 20 trabajadoras en una empresa, el proyecto sigue entrampado en el financiamiento y la fórmula del Gobierno arriesga transformar esa deuda en una nueva carga para quienes trabajan.
La fórmula que se impulsa a través del ministro del Trabajo, Tomás Rau, plantea una cotización de 0,35% de cargo del empleador, compensada con una rebaja equivalente de lo que ese mismo empleador aporta al Seguro de Cesantía. En la práctica, el costo para las empresas es cero y quienes pagan somos las y los trabajadores con el ahorro que nos protege cuando perdemos el empleo.
¿Paga Moya? al parecer es la propuesta del Gobierno, porque se nos pide a las y los trabajadores pagar con nuestra propia protección un derecho que debiera estar garantizado. Así la sala cuna deja de ser un derecho y se convierte en un beneficio copagado, una suerte de impuesto por cuidar a nuestros hijos mientras trabajamos.
Desde la CUT no nos limitados a criticar y pusimos sobre la mesa una alternativa concreta y con números concretos: un Fondo Nacional de Cuidados Integrales, que entiende los cuidados como una responsabilidad compartida entre el Estado, los empleadores y la sociedad, no como un asunto privado de cada familia. En la propuesta que presentamos desde la central, la sala cuna se financia con una cotización de 0,2% solo para grandes empresas y un aporte fiscal permanente de 0,047% del PIB, sin tocar un peso del Seguro de Cesantía. Las pymes quedan exentas, y los recursos irían directo a los establecimientos, priorizando la oferta pública y con copago cero para el 60% de los hogares más vulnerables.
Junto con lo anterior, el planteamiento en materia de financiamiento del proyecto de Sala Cuna Universal transparenta los números, porque el argumento que se ha repetido es que garantizar la sala cuna encarece la contratación de mujeres. Al derogar el artículo 203 y cotizar sobre toda la masa salarial, sin importar el sexo de quien se contrata, contratar a una mujer cuesta exactamente lo mismo que contratar a un hombre. Ese argumento, usado tantas veces para frenar avances, ya no se sostiene.
No estamos solas en esta convicción. El fondo ha tenido buena acogida en sectores parlamentarios y entre especialistas, que valoran que ofrezca una salida viable a un debate empantanado. La propia Cámara aprobó una resolución que declara que el Seguro de Cesantía no debe financiar otras políticas. Según Cadem, el 57% cree que debe financiar principalmente el Estado, frente a apenas 9% que apunta al Seguro de Cesantía.
Por eso el llamado es al Gobierno. Es urgente que considere esta propuesta y no siga estirando una discusión que las mujeres no podemos seguir esperando. El desempleo femenino llegó a 10% a comienzos de año, frente a 8,1% en los hombres, y la falta de cuidados es una de sus causas más persistentes. Cada mes de demora es un mes en que miles de mujeres siguen fuera del trabajo, no por falta de capacidades, sino por falta de condiciones. Insistir en una fórmula que no tiene los votos solo prolonga el conflicto. El diálogo no es debilidad: es la condición para que una buena idea se convierta en una buena ley.
La propuesta que presenta la CUT es, ante todo, una muestra de voluntad de diálogo. Queremos que se discuta en el Parlamento, pero también en el espacio tripartito, donde trabajadores, empleadores y Estado podamos construir juntos una solución de largo plazo. Los grandes avances sociales del país se han logrado así, con acuerdos y no con imposiciones.
La sala cuna universal puede ser una de las grandes conquistas de esta década. Pero solo lo será si nace como un derecho garantizado, financiado de manera justa, y pensado para impulsar el empleo femenino. Esa es la sala cuna que Chile necesita, y para lograrla la CUT está disponible.